domingo, 29 de julio de 2012

Lumerians, Transmissions From Telos Vol. 4


(Hands in the Dark, 2012)

Más primitivos y desbocados que en el disco del año pasado, Lumerians vuelven con fuerzas extramundanas, ácidos como cometas, para llevársenos volando a un viaje psicodélico-espacial compuesto por cuatro jams, esta vez sin acompañamiento de voz, con la maquinaria instrumental a toda potencia: esa percusión mecánico-tribal, esos teclados prehistóricos, esos efectos cósmicos, todo bien sucio de polvo de estrellas, vibrante y auténtico como si en verdad trajeran un mensaje de otra galaxia: preparaos para la nueva era, terrícolas, el espacio exterior y el espacio interior os salen al encuentro, bailad, asombraos, viajad, ¡brillad! Más energía, más libertad, más groove espacial.

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More primitive and runaway than in their last year album, Lumerians return with extramundane forces, such acid as comets, to take us flying to a psych-space trip composed of four jams. No vocals this time but instrumental machinery is at full power: that mechanical-tribal percussion, those prehistoric keyboards and cosmic effects, are all really dirty of stardust, so vibrant and authentic as if they really brought a message from another galaxy: prepare for the new age, earthlings; inner space and outer space come out to meet you. Dance, wonder, travel, shine! More energy, more freedom, more space groove.

sábado, 28 de julio de 2012

Lone, Galaxy Garden


(R&S, 2012)

Un cóctel electrónico interplanetario, de tono lounge y beats potentes, como un cruce entre Stereolab y The Future Sound of London y la IDM clásica y las pistas de baile chungas, aderezado con esos colores brillantes que tanto destacan en el negro del espacio, sin olvidar el púrpura de hoy y otros desconocidos del mañana. Sin pretender abrir una nueva era, es un disco honesto, redondo y efectivo en recrear ambiente de cóctel en estación espacial, de sueños futuristas, o retrofuturistas, explorando un poco las armonías "qué bien se está aquí" en plan chill-out, pero evitando caer en lo aburrido, demandando tu atención con estructuras mínimamente complejas y capas de sonido bien superpuestas, y ritmos moderadamente juguetones. Me recuerda un poco al Variance de Jega, que aunque más oscuro, comparte con este el sabor de ciencia-ficción espacial que recrea en mi paladar, y el buen hacer con la melodía, el ritmo, la producción, la riqueza sonora. Ven, te dice una voz suave en el Jardín Galáctico, ponte cómodo en uno de esos sofás blancos de diseño redondeado, tómate algo, deja los problemas y las revueltas marcianas en la puerta, ¿te apetece flotar un poco en la sala de gravedad cero con vistas a los anillos de Saturno?, abandónate en la espiral luminosa, ensueña...

[r&s]

domingo, 22 de julio de 2012

Jüppala Kääpiö, Animalia Corolla


(Omnimemento, 2012)

Los ritos secretos de la naturaleza, traducidos a música audible por los humanos gracias a la transición a través de dimensiones ignotas desde los mundos interconectados de plantas, flores, insectos, la tierra, los espíritus elementales que la pueblan, las aguas y el croar de las ranas y las semillas que alzan el vuelo, todos ellos danzando la danza sagrada, la danza cósmica, proclamando la verdad misteriosa del universo: que todo, todo, absolutamente todo está vivo en el fluir ilimitado del cambio.

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The secret rites of nature, translated into music audible by humans, through the transition across unknown dimensions from the interconected worlds of plants, flowers, insects, earth, the elemental spirits that inhabit it, the waters and the croaking of frogs and the seeds that take flight, all dancing the sacred dance, the cosmic dance, proclaiming the mysterious truth of the universe: that everything, absolutely everything is alive in the unlimited flow of change.

sábado, 12 de mayo de 2012

Phaedra en Centro Joaquín Roncal


Zaragoza, Centro Joaquín Roncal, jueves 19 de abril de 2012.

Energía y amor en el ambiente. Esa es la impresión, en pocas palabras, que me llevé de la estancia de Phaedra en Zaragoza. Habiendo disfrutado y madurado desde el año pasado un disco tan bonito como The Sea, el concierto prometía ser intenso y memorable, y lo fue de un modo encantador y sorprendente, dejando atrás cualquier expectativa. La magia surgía del escenario y llenaba la sala, uniendo a artistas y oyentes en el fluir de misteriosas energías canalizadas en canciones. Las manos de Ingvild jugaban con su guitarra, un teclado y un instrumento maravilloso que, según me contó, creo era un arpa folk, cítara noruega o harpeleik. Y su voz, hechizando al público con encantos norteños, ancestrales. A su derecha, su compañero pintaba los fondos con sintes varios, coloreando el espacio psíquico de la sala con esos sonidos psicodélicos que tan bien envuelven ese núcleo de folk frío de neblinas y orillas de mar en invierno.

En el disco, la clara voz de Ingvild suena muy bien, pero no llega a mostrar de verdad el poderío que tiene en directo: impresionante, cómo canta, qué voz tan bonita, trabajada, hábil y sugerente. Una voz que recorría la sala, subía de pronto la frecuencia vibratoria del lugar, captaba tu atención y la impulsaba por encima de los lugares acostumbrados, sacándote de tu estado rutinario de espectador pasivo y mostrándote un resquicio de la belleza del universo, atrapándote, comprometiéndote con la experiencia.


La pareja repasó el repertorio de The Sea con pulcritud y vida: las canciones se mantenían fieles al disco pero respiraban con vida propia, la del momento, enriquecidas con nuevos y distintos acompañamientos electrónicos, vibrantes con las luces destellantes del arpa folk, de fascinante, cautivadora sonoridad. Y presentaron tres nuevas canciones, adelanto del segundo disco de la anunciada trilogía, que dejaron buen sabor y ganas de más. Para mí, el momento más transportador del concierto vino con "The Sea", el tema más largo del disco: cuando su progresivo fluir desembocó en esas escenas de ensueño submarino, con el arpa envolviéndote en sus acordes acuáticos de reino de sirenas y la voz energética de Ingvild impulsándote a las alturas, desencadenó algo de verdad bonito, intenso y asombroso.

En conciertos así de íntimos e intensos, se siente ese algo que se comparte. Hay ahí seres humanos, vida y conciencia y aire y emoción y tantas cosas, todo compartido, sin límites. La música se vive como un fluir y un disfrute y no puedes decir sino gracias. Gracias a Phaedra por un concierto tan bonito, cálido y ensoñador. La noche fue mágica y reservaba bonitas sorpresas. Ella aportó su presencia y la belleza vino a nuestro encuentro.

[fotos: gracias lorena]

lunes, 2 de abril de 2012

Daniel Higgs en Arrebato

Genio descendido a la tierra

Zaragoza, sala Arrebato, domingo 1 de abril de 2012.

En el escenario, un tío que, por un lado, llama la atención, y por otro parece alguien que te podrías encontrar en la calle, familiar y extraño al mismo tiempo. Larga barba gris, tatuajes en las manos y en el cuello, vestido como a medio camino entre estar por casa con amigos en alguna fiesta peligrosa pero en familia, y entre andar de trovador de feria medieval cutre pero entrañable.

Empieza a tocar el banjo y lo que me asombra no es sólo su apabullante dominio del instrumento, no, es que parece que se hace uno con él, que juega con él como si fuera un amigo o un ser vivo querido, exigiéndole a veces y otras aceptando que no da más de sí en ese momento, y me pregunto con quién habla, si con el instrumento o con su musa invisible o consigo mismo, porque los gestos de su cara son de conversación amigable, como que ahora hace maravillas dejándose llevar por vientos astrales que nadie más ve en la sala, y después, de regreso a la tierra, busca el hilo y sonríe risueño y acepta, tranquilamente, que ya ha pasado el momento, y sigue jugando con el banjo, ya llegará otra vez el espíritu. Y llega.

Despidiendo energía luminosa en pleno delirio

Y canta con su voz potente, y marca el ritmo con los pies, a veces bailarines, como un niño feliz con su juguete, ajeno a todo lo demás, y se entrega a la música que fluye a su través despreocupadamente y como en un alucinar permanente en sustrato, haciéndonos alucinar a los demás, como por resonancia, cuando la emoción sale en ondas tímbricas de su boca poseída. El color es un número, sinestesia, oh, sinestesia, sinestesia. A veces toca canciones reconocibles, bromea sobre la reproducción fiel y precisa a la que obviamente no se esclaviza, sino que improvisa libremente, sin temor a perderse, y aunque se pierda, en seguida encuentra otra senda, y sigue. Encarnando varias culturas, sin vergüenza y sin despeinarse, en una persona, Oriente y medioevo y blues y rock and roll, todo vibrante en su folk simple y desnudo de tío sentado tocando el banjo. Psicodélico en su canalizar energías pero extrañamente comedido, entregándose y volando con los ojos cerrados, lisérgico pero manteniendo el control, como un buen músico que sabe jugar y dejarse llevar sin desvariar, transmitiendo ese salirse de madre momentáneo, excéntrico en esos gestos repentinos con las manos, como manipulando algo invisible en el aire, haciéndose con las sonrisas y risas del público como artista callejero, y al momento sus dedos tatuados haciendo maravillas con las cuerdas, y él como en trance pero con los pies en la tierra.

Al final la gente aplaude, y él se pone a aplaudir a la gente y hace crecer la cosa poniéndole más ganas que el público, y la cosa acaba con gritos en plan eufórico y descontrolado por las dos partes y risas, y me quedo no sabiendo si el tío simplemente tiene sentido del humor o está situado en un nivel psíquico especial y peligroso o qué pasa. Un concierto corto pero intenso y alucinante, un disfrute. Gracias a Bombo y Platillo, y espero que sigan poniendo la mirada en músicos tan interesantes, y trayéndonoslos por mucho tiempo a Zaragoza, este espacio desolado en el que casi no me puedo creer que haya visto en directo a Daniel Higgs.

Blues, sinestesia y amor


[gracias lorena por las fotos 1 y 2]

sábado, 31 de marzo de 2012

Apenino & Árbore, Animals Are Not Things!


(Microphones in the Trees!, 2012)

Cualquier cosa que uno diga sobre música es siempre inadecuada. En el caso de este disco, que me transmite tantas cosas buenas, no sé por dónde empezar ni qué decir sin ser infiel a la muda expresión de su belleza, que no necesita de palabra alguna. Lo primero, es el quinto disco de Rafael Romero y la segunda colaboración con Apenino. Aquella primera de 2005, bajo el nombre de Raro & Apenino, fue un disco brillante y único, en cierto modo relacionado con ese nuevo folk libre y explorador que salía a la superficie con fuerza en Norte América y que en España no acabó de hacerse tan visible para los medios, pero que sigue muy vivo como lenguaje, muy abierto a la creatividad y a transmitir cosas muy especiales. Y con esto vuelvo a Animals Are Not Things!

Puedo empezar diciendo que fue compuesto en honor a los animales que sufren, porque lo cierto es que se nota. Toda música transmite una emoción, una vibración, que el músico imprimió a sus notas y que tú recuperas de la frecuencia adecuada, si te resuena, si conectas a un nivel similar. Este disco me transmite paz, calma, compasión, ternura, con una efectividad intensificada por su sinceridad, por su frescura, por su espontaneidad y su falta de artificio. Además, da la impresión de que no ha habido una excesiva preocupación por encontrar la toma perfecta, sino que prevalece un respeto por la música tal cual es en su perfecto surgir natural. Esta sensación de naturalidad, de autenticidad, se ve apoyada por la presencia de grabaciones de campo en el fondo de casi todo el disco. Pajaritos, la brisa, los árboles, aleteos, grillos, y por supuesto ladridos, lametones, maullidos y ronroneos, qué maravilla.

El disco empieza en un nivel astral con la jam rítmica, hipnótica de "Este es el espíritu", salpicada de toques de cuenco tibetano, trayendo a la memoria las excursiones free de Greta (2007). Pero el tono, sin embargo, se vuelve más familiar, melódico y terrenal desde "Mapita". Bonitas melodías de guitarra preñadas de ternura, acompañadas a veces de otros instrumentos (ukeleles, kalimba, mini cémbalo). "Little Kirby Blues" me invita especialmente a volver a ella una y otra vez, tan bien se está entre sus acordes, con esos ladridos tan bien plantados, tan graciosos en su momento perfecto, como la vida misma de bonita. Cada una tiene su reflejo de la belleza que capta el disco, de modo que hay mucha variedad, al mismo tiempo que un evidente lenguaje común: a medio camino entre el raga folk y la canción tradicional de guitarra al sol. "Petula" trae de pronto la dulce voz de Mónica Vacas (Mus), y descubres que las palabras, en este disco, son escasas pero pura poesía. Después, la colección cambia un poco de ritmo con "Choiva", un tema que empieza sonándome un poco al dibujo paisajístico del dúo americano de ambient Mountains, con las grabaciones de la naturaleza en primer plano dando paso a la guitarra sosegada de Rafa. "Ngetal" continúa en ese tono pastoral calmado, adentrándose aún más en la quietud y el silencio para desembocar en un raga de pradera agitada por el viento, cada vez más impresionante, hasta que deja paso a "Pachocas", la otra canción cantada por Mónica Vacas: nana, poesía, ternura, sensibilidad de quedarse sin palabras, no te vayas jamás... "Tini Mandarini" trae de vuelta la cara más animada del disco y por último, en "Held" y "Trains Across the Sea", versiones de Bill Callahan y Silver Jews respectivamente, Rafa reinterpreta con su voz íntima y cálida las originales, aportando un tono cercano, muy de estar ahí, bien, entre amigos al aire libre, con la brisa.

Es tal la luz, el amor y la calidez que la música de Árbore transmite aquí, que uno se siente como abrazado, como en ese estar bien en el campo porque sí, con el sol calentando y la naturaleza viva respirando y sonando en ti, en el mundo, y tú en el mundo y el mundo en ti. El título del disco, las palabras de presentación del autor, no dejan lugar a dudas: habla de los animales que sufren, que no son cosas y no tienen voz entre los humanos; tú eres su voz. Para vivir desde ese respeto y con esa conciencia de cuidar, hay que conectar con algo profundo en nosotros, ahí donde toda la vida se revela interconectada y amorosa. Esa conexión es lo que me sugiere y transmite este disco, y eso es lo que lo hace tan especial y sanador y tan de agradecer.

[escucha y descarga gratuita en su bandcamp]

jueves, 29 de marzo de 2012

Pink Floyd, The Dark Side of the Moon


(Harvest, 1973)

Pasas años escuchando ocasionalmente, como de puntillas, un disco que no acaba de decirte mucho. Y de pronto, lo escuchas una vez de otra manera, como a otro nivel, o como por primera vez. Le prestas toda tu atención, te sientas a escucharlo, a verlo. Y es totalmente otro.

Entonces, ocurre que te sumerges en una atmósfera espacial, rica en sonido y en luminosidad sutil, te conmueves con versos sencillos pero profundos, abiertos a sentidos múltiples, flotas en un mar de sintetizadores cósmicos y caricias  que van y vienen de las guitarras perezosas de David Gilmour, y entonces llegan los coros energéticos, y ese saxo, y hacia el final de "The Great Gig in the Sky", la emoción aflora, lo sientes en esas raras lágrimas de goce artístico. Ni siquiera "Money", que siempre te había parecido un poco fuera de lugar, desentona; al contrario, está perfecta en su sitio, y te hace bailar en el asiento. La lenta maravilla de "Us and Them" está más allá de las palabras y te lleva, con sabiduría, arriba y abajo y otra vez hasta que llega otro viento cósmico y se te lleva de viaje a la siguiente estación.

Entiendo por qué tanta gente se ha conmovido con este disco. Es un viaje corto pero intenso, una obra inspirada que sugiere grandes cosas. A veces, ocurre con los discos encumbrados que pasas de largo, por alguna extraña ilusión, y a lo mejor te pierdes una maravilla. Este confirma que en los 70 había algo en el ambiente.

[live in london 1974 / pink floyd official site]

martes, 20 de marzo de 2012

Chelsea Wolfe, Ἀποκάλυψις



(Pendu Sound, 2011)

Cuando en el bosque, en medio de la noche, atraviesas unas cortinas rojas aparecidas de la nada, pueden pasar cosas. Nada te prepara, sin embargo, para algo como esa amiga que te acuchilla con sus gritos. De manera parecida empieza este disco. Ella me mete el susto en el cuerpo, me acojona para que le preste toda mi atención. Lo deja bien claro: no se anda con tonterías, esto es un asunto serio. Y entonces entra en escena.

Está oscuro, muy oscuro, de pronto unas pocas velas arden con luz roja y tenue en la estancia, y ella canta con su banda, exclusivamente para mí, aquí, en la oscuridad, donde nunca sabes lo que puede estar acechando. Su voz arrastra canciones enigmáticas de dolor, misterio, plegaria y contemplación, acompañada del sonido sucio, crudo y real de su banda de rock lento de almas perdidas. Hacia el final, descubro que no... hay... banda. Sólo ella, perdida en la oscuridad. He visto sus ojos, brillantes como el sol; voy tras ella, caminando en la noche cerrada, con su canto guiando mis pies entre las raíces del bosque, entre las velas apagadas en el suelo de la estancia.

Hay que escuchar este disco para creerse lo bueno que es. Aquí hay un cruce extraño de doom y folk con una sensibilidad y una magia que sólo una mujer es capaz de transmitir. Aquí hay gótico primario, carnal, experimental, original. Pero ninguna etiqueta le hace justicia. Aquí no hay melancolía, hay oscuridad profunda y comprometida, con leves pero luminosos resquicios de esperanza. Alucinante y peligrosamente adictivo.

Isole, Silent Ruins



(Napalm, 2009)

Tras el gran Bliss of Solitude, Isole regresan aquí con un disco en la misma línea: un doom épico que parece recoger el fuego sagrado de la tradición de Candlemass y Solitude Aeturnus, pero que integra también ingredientes diversos, como partes rápidas y técnicas que recuerdan al progresivo o al death melódico, y toques de guitarra folk a la escandinava. Hay hasta un gran final en plan funeral doom, que es de los pasajes de ese palo más intensamente oscuros y emotivos que he oído. La voz limpia es precisa y diáfana como siempre, y los toques guturales son utilizados con mesura y en su justo lugar, como de costumbre. Tal como ocurría en el anterior disco, el nivel compositivo general de las canciones me parece bastante bueno, pero algunas destacan excepcionalmente; en este caso, "Dark Clouds" me levanta de la silla. Parecen tener la excelencia al alcance de la mano.

sábado, 10 de marzo de 2012

intro

El blog empieza aquí. El archivo dice que no, que en realidad empezó en 2006, pero eso es porque he recopilado cronológicamente todas las reseñas de discos que publiqué en un desaparecido blog anterior.

La música es un misterio, extrañísimo además si te paras a mirarlo, así que las cosas que uno diga sobre ella son una tontería, pero también puede ser un juego, si no te las tomas en serio. La idea principal es seguir escribiendo tonterías sobre la música que disfruto, ahora en un sitio fijo y con más asiduidad.

El título puede significar muchas cosas. Para mí, significa. Además, "hay muchas cosas que empiezan por D".

Gracias por leer, y siéntete libre de comentar, sugerir, criticar, o lo que te apetezca, como en tu casa.