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domingo, 13 de abril de 2014

2013 en música

Han pasado unos meses desde el cambio de año y la actividad del blog ha decelerado considerablemente, porque ya no escribo tanto sobre los discos que me gustan. Pero tenía en borrador la lista de fin de año y la primavera le ha dado el empujón para salir de una vez. Es una lista pequeña, de los 10 discos del 2013 que más disfruté durante el año pasado. Aquí van, en orden alfabético, con breve descripción y enlaces a la reseña (si la hubo) y a alguna canción, vídeo o bandcamp.




Devendra Banhart, Mala

Un disco de folk sencillo, luminoso y relajado, en el que Devendra amplía con calma su lenguaje en una colección de canciones bonitas y agradables que acompañan muy bien mientras limpias el polvo de la habitación. [review / listen]




Blood Ceremony, The Eldritch Dark

Entre el doom y la psicodelia, con ese sabor clásico del heavy psych y ese componente acústico y melancólico tan del norte, este es un disco muy bueno y variado, situado un poco en esa movida de occult rock pero con carácter propio, con canciones redondas, desarrollos progresivos y una curiosa y pagana mezcla de tonos oscuros y festivos. [listen]




Buchikamashi, Superbrain

Es difícil destacar algún disco de entre toda esta nueva ola de música bonita y calma y mágica que se suele etiquetar como new age, hay tanta calidad constante a un nivel tan subterráneo, que abruma. Este disco es de lo que más me ha impactado en ese terreno en los últimos años: una maravilla de ambient, relajante y luminoso y profundo y meditativo. [listen]




DARKSIDE, Psychic

Le han puesto etiquetas tan dispares como art pop, microhouse o neo-psicodelia. A mí me parece un disco bastante inclasificable, algo así como un experimento casi ambiental en las periferias de la música de baile, que suena un montón al lado más atmosférico de Pink Floyd. No sé si genial, pero sí muy entretenido y absorbente. [listen]




Hexvessel, Iron Marsh

El folk lento, psicodélico y tenebroso de aquelarre neopagano que esta banda de brujos recrea se acerca en este EP al rock progresivo, especialmente en la impresionante "Masks of the Universe". Música única, misteriosa y adictiva, con buenos versos sobre la naturaleza, la magia y el universo. [review / listen]




Mountains, Centralia

El drone verde de guitarra y electrónica de Mountains regresó con un retorno a la electroacústica que en realidad es más un compendio de todos sus trabajos. Ambient tranquilo, bonito y luminoso como es habitual, con una guitarra más audaz y versátil y otras suaves sorpresas. [review / listen]




Pan•American, Cloud Room, Glass Room
(Kranky)

"The Cloud Room", ese inicio de disco tan Twin Peaks, es una de mis canciones favoritas del año, e introduce un juego de música calma y experimental entre el ambient y el jazz lento y el post-rock, entre el sello de calidad del ex-Labradford y la estupenda colaboración del percusionista S. R. Hess. [listen]




Puerta del Sol, Puerta del Sol

Colaboración entre Pandelindio y Oliwa, una belleza de disco misterioso, espiritual, mágico y primario, cuyas improvisaciones entre los instrumentos acústicos artesanales y el sonido de sintetizador antiguo te sumergen en un mundo extraterrestre y tradicional a un tiempo, tocando el cielo por momentos, como en la inmersiva "Mezcalito". [listen]




Stag Hare, Angel Tech

La música luminosa y mágica de Stag Hare me parece esta vez menos acústica y más electrónica, algo más urbana que tribal, pero suena a paz y felicidad como siempre, en esa feliz mixtura de drones y ritmos y melodías simples evocadoras de paraísos, resultando un disco fresco y armónico que suena a la vez natural, bailable y espacial. [review / listen]




Steven Wilson, The Raven That Refused to Sing (And Other Stories)

Obra maestra del rock progresivo de los últimos años, por el líder de Porcupine Tree y aclamado gurú de la escena, con grandes influencias de King Crimson y un talento innegable que hace de este disco un monumento lleno de canciones redondas y poderosas, instrumentación brillante y profundidad emocional. No sólo es tan bueno como dicen, sino que mágicamente me ha empezado a gustar Porcupine Tree después de años sin que me dijeran mucho. [listen]

*

Y para acabar, algunos pocos discos más que he reseñado o que igualmente disfruté el año pasado.

Death in June, The Snow Bunker Tapes
Daniel Higgs, The Godward Way
Ethernet, Opus 2
Guapo, History of the Visitation 
Hear Hums, EP
Mountains, Live at the Bottletree
Tuluum Shimmering, Raag Wichikapache / Lake of Mapang
Chelsea Wolfe, Pain Is Beauty

Como he publicado esta lista prácticamente tal como estaba preparada desde principios de enero, a día de hoy faltarían unos cuantos más que he conocido a través de las listas de otros, especialmente en microphones in the trees! como de costumbre. Pero si añadiera alguna de esas joyas, esta lista tendría menos sentido aún que el que tiene como lista del año publicada en abril, y no se puede decir que publicada en enero hubiera tenido mucho más sentido del que ahora pueda tener.

Paz.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Mountains, Centralia


(Thrill Jockey, 2013)

Mountains es uno de los proyectos más importantes surgidos de la escena del ambient electroacústico de la década pasada. Con una propuesta de partida próxima en lo técnico a la de otros grandes representantes de la escena, como Fennesz y Tim Hecker, la de combinar el sonido acústico de los más variados instrumentos físicos con las posibilidades casi ilimitadas de la electrónica digital en el marco de un drone en constante evolución, su trabajo se caracterizó desde un principio por una orientación espiritual distinta, más positiva, calma y armónica que en general la que aquellos exploraban, y por un uso mayor de grabaciones de campo, recogidas de las producciones sonoras de la naturaleza, como el murmullo del agua en sus más variadas modalidades. El resultado de esta propuesta inicial, plasmado en el homónimo disco de debut de 2005, y un año más tarde en el precioso y paradisíaco Sewn, era una música relajante, verde, eufónica y ambiental al tiempo que experimental, compleja y rica en texturas, un matrimonio exquisito entre un compromiso con la belleza casi pictórico, y la sutil e intrincada ingeniería sonora de los artistas electrónicos de su generación.

Choral llegó en 2009 y fue un paso adelante tanto en la evolución musical del proyecto como de cara a hacer más visible el trabajo del dúo. Enraizado con coherencia en sus trabajos anteriores pero más ambicioso, llevaba las cosas mucho más allá dando a su propuesta original una orientación más pop, tal vez más cercana al post-rock pero sin sus excesos, dando una nueva profundidad emocional a sus cada vez más ricos y bellos paisajes sonoros. Fue en todo caso el salto a un público más masivo, en parte gracias al paso de la producción independiente a la mayor distribución posibilitada por su nueva casa Thrill Jockey. En mi opinión, el ambient glorioso de Choral queda como uno de los discos más redondos, necesarios y fundamentales de la electrónica de la década, junto con el Endless Summer de Fennesz y los trabajos de Stars of the Lid.

El progreso del dúo siguió por caminos distintos en Air Museum, dejando atrás la electroacústica digital y abriéndose a las posibilidades del retorno de la electrónica analógica. Fue un disco diferente, que seguía siendo rico y orgánico en su diálogo sonoro pero con un sonido más frío y espacial, en algún momento incluso rítmico y mecánico, que en todo caso no resultaba tan cautivador como las emocionantes oleadas marinas de Choral. Por este motivo, muchos que habían conocido a Mountains con el disco anterior se sintieron decepcionados y se echaron para atrás, privándose de la calidad que sin duda el nuevo trabajo tenía. Mountains han hecho gala siempre de una renovación constante de su música, siempre en busca de nuevos caminos, de un nuevo lenguaje, lo cual es el sino (para bien o para mal) de la electrónica de vanguardia. Pero el camino que han tomado es muy diferente de aquel otro más oscuro y denso de artistas hoy aclamados como Tim Hecker. Tal vez por eso, me da la impresión, aquel cuenta con un público entusiasta cuantitativamente mayor, porque la oscuridad y la densidad son de esas cosas que más resuenan en el mundo de hoy; mientras que la música de Mountains, no menos interesante artísticamente, se presta menos a la satisfacción inmediata del oyente casual.

Por fin, Centralia es la última manifestación de esa evolución. Y suena, en cierto sentido, como un compendio de todo lo anterior. Hay un cierto retorno al ambient electroacústico de guitarra introspectiva de sus primeros tiempos, pero aún está presente el sonido analógico de los últimos años. Es como si hubieran puesto en la paleta todos los recursos que han venido utilizando en distintas etapas, para pintar una serie de cuadros, entre descriptivos y narrativos, que hablan como entre velos de sueños, de un viaje nebuloso e hipnótico a algún planeta extraño o a alguna isla misteriosa de arena blanca, o... Cualquier escenario surrealista que tu imaginación recree al escuchar su música puede ser válido. Y ahí está, creo, la principal diferencia con los discos anteriores. Nunca hasta este trabajo me había parecido la música de Mountains tan espacial, y no me refiero al espacio exterior, sino a la espacialidad, a la extensión terrenal y palpable. Su música, esta vez, me habla más que nunca a la imaginación en términos espaciales, pero de una manera vaga y confusa, por lo que me es muy difícil describir los paisajes que me recrea. Son paisajes cálidos y fríos al mismo tiempo, de una gran isla desértica, con diferentes relieves y ríos y arenas y partes cubiertas por el hielo y atmósferas vaporosas y densas en el cielo. Es una música geológica y aérea y desconcertante, por decir algo.

Un ambient, en general, cálido y bello y tranquilo como siempre, con algunas sorpresas, como algo de distorsión casi doom en esa guitarra más versátil y audaz que nunca, y un final muy evanescente y casi casi neoclásico. Para apreciarlo bien, hay que darle muchas escuchas, por lo que muchos seguramente lo dejarán de lado o lo valorarán negativamente sin darle la oportunidad de mostrar su riqueza. Al menos en mi caso, es un disco que empezó dejándome algo perplejo, ha crecido muy lentamente a lo largo de los meses, y finalmente me ha ido calando como un disco disfrutable y de gran calidad, no por cierto de esos que revolucionan tu vida o te enganchan como una droga, pero sí altamente satisfactorio y agradable como disco ambiental. También está el factor conexión. Una vez conectas con el sonido y el espíritu de una banda, hay un amor ahí que te permite ver lo que otros no ven. A lo mejor también es eso. En todo caso, Centralia es uno de los discos más sólidos y bonitos que he escuchado en este 2013, y lo recomiendo a cualquier aficionado al ambient y demás ritmos lentos y expansivos placeres auditivos del siglo XXI.

domingo, 15 de mayo de 2011

Mountains, Air Museum


(Thrill Jockey, 2011)

En una primera escucha, Air Museum suena muy electrónico. Me recordó sobre todo a la electrónica progresiva de los 70. Pero es una sensación superficial. Ahondando un poco más, en seguida te das cuenta de que su sonido es en realidad muy orgánico, y no excesivamente distinto de lo que Mountains han venido haciendo desde el principio. El dúo ha trabajado con instrumentos acústicos y toda una variedad de pedales, sintetizadores y otras técnicas analógicas para producir una gran diversidad de efectos y texturas a partir de los sonidos originales, esta vez sin pasar a través de un proceso digital. Casi siempre resulta difícil reconocer los instrumentos, pero el sonido mantiene siempre la cualidad viva y vibrante de su naturaleza física. Evoluciona e irradia con una energía que sólo los instrumentos con cuerpo transmiten. Otro aspecto que llama la atención es el uso del ritmo, que nunca suena fuera de lugar ni rompe la tranquilidad expansiva del conjunto, sino que contribuye a ella en forma de pulsos energéticos, hipnóticos, que o bien toman el control en ese inédito juego con el ritmo que es "Thousand Square", o acaban confundiéndose en la profundidad dinámica de los drones (como en "Sequel"). Por otro lado y aunque no se ha usado el ordenador, la densidad de capas superpuestas de sonido (perceptible en escuchas atentas) revela el gran trabajo que hay detrás de cada tema, el cuidado artesanal de una música que siempre suena estructurada con complejidad y buen gusto.

Si bien la forma ha cambiado, el fondo sigue siendo en esencia el mismo. Esta música transmite calma y busca la belleza a través de la eufonía. Pero todo, incluso las grabaciones de la naturaleza (que el dúo integra cada vez con mayor habilidad), parece sonar como a través de un filtro sintético. El resultado es un extraño tapiz sonoro que trae a la imaginación escenas de jardines eléctricos, biosferas espaciales en las que interactúan seres y fuerzas naturales en una danza de armonía imprevisible. Este efecto se aprecia sobre todo en "Backwards Crossover", donde las grabaciones de campo irrumpen paulatinamente en la escena sonora creando una sensación extrañamente natural y una imagen paradísiaca de esas que tan bien saben recrear, un locus amoenus extraño que te eleva a paisajes de ensueño extraterrestres, envuelto en el canto de pájaros mecánicos e insectos de ruido eléctrico.

A pesar de resultar, al principio, un disco más difícil de apreciar que los anteriores, más exigente en suma, la escucha atenta y repetida va revelando un trabajo de experimentación admirable que, sin alejarse demasiado de los parámetros electroacústicos que marcaron el inicio de la formación, explora las posibilidades de diálogo entre la instrumentación acústica y las técnicas analógicas. Y todo ello con el carácter propio y la maestría probada de un dúo de artistas que, manteniendo una concepción casi plástica, espacial, artesanal del arte sonoro, y transmitiendo un tono emocional siempre positivo y un amor por el detalle y la eufonía que es ya marca de su unicidad, no deja nunca de evolucionar.

[escucha "backwards crossover" / mountains en fb / air museum en thrill jockey]

sábado, 13 de junio de 2009

Mountains, Choral


(Thrill Jockey, 2009)

La música de Mountains siempre ha sido distinta. Si la mayoría del ambient que se hace desde hace unos años suele ser oscuro, frío o inquietante, el suyo en cambio evoca otros referentes: la paz de los ríos, las cascadas, la lluvia, los paisajes montañosos. Ya en Sewn (2006) lograron transmitir ese espíritu, dando lugar a una obra única por su belleza, su tono pastoral y la perfección de composiciones electroacústicas como la impresionante "Hundred Acre". Lograron conciliar la experimentación y la eufonía, los instrumentos acústicos y el drone, de un modo análogo a como lo hizo Fennesz en su Endless Summer, pero con un sonido y un carácter claramente propios, que prometía un futuro brillante.

Era cuestión de tiempo que dieran el salto a un público mayor. El resultado es no sólo un digno sucesor sino quizá también superior a Sewn en algún sentido. Choral posee ese mismo carácter luminoso y natural, pero además es más ambicioso, variado y rico en superposiciones de ambientes y capas de sonido. La riqueza y profundidad de sus océanos sonoros cautiva y sorprende con nuevos detalles a cada escucha. Su diestro uso de recursos electrónicos, acústicos y grabaciones de la naturaleza se revela en la notable armonía que se produce entre todos estos ingredientes, de manera que, de pronto, te puedes encontrar envuelto al unísono por los drones y el agua de una cascada, con tal efectividad que te sientes flotar allí mismo, en ese espacio de ensueño al que te llevan. Por otro lado, además de una mayor madurez, se nota más cohesión en el disco, tal vez en parte debida a que lo recorre un ligeramente mayor grado de contenido emocional. Pero nada de crescendos dramáticos o intensidad apabullante; su estilo es más sutil.

"Choral" abre el disco con un sonido familiar que parece conectar con Sewn, y te introduce en una composición compleja y serena con vetas de euforia, para después pasar a territorios algo más melancólicos en "Map Table" y "Telescope", en la cual el sentimiento se confunde de nuevo en la paz de algo así como una cascada que lo envuelve todo. "Add Infinity" tiene un aire casi indio con una melodía folk a la guitarra, muy psicodélica y tranquila. A continuación viene la progresiva alquimia de "Melodica": comienza con diversas campanitas y los drones hacen su aparición en suaves oleadas, primero electrónicos y luego también acústicos, en una superposición de texturas y sonidos cada vez más entretejidos, orgánicos y envolventes, que van creando un ambiente denso, sereno y apacible. Por fin, "Sheets Two" cierra el disco con una melodía luminosa con guitarra y efectos electrónicos destellantes, dejando con una sensación de historia dejada de contar antes del final.

Choral es un álbum inteligente, trabajado y lleno de vida. Su música resulta relajante y agradable, y se nota que hay detrás un ejercicio consciente de composición precisa, amorosa y de amor por el detalle. Aquí, la experimentación está al servicio de la eufonía y la búsqueda de la belleza, algo muy característico del dúo. Choral es una obra musical cautivadora que confirma a Mountains, ahora a mayor escala, como una de las formaciones de más calidad del ambient actual. En realidad, como los grandes, trascienden la etiqueta. Hacen música, y la hacen tal como les sale. Hoy en día, con tantos trabajos de ambient anodinos, similares entre sí en fondo y forma, un proyecto como Mountains supone un verdadero soplo de aire fresco. Puro disfrute.

jueves, 25 de enero de 2007

Mountains, Sewn


(Apestaartje, 2006)

Mountains son Brendon Anderegg y Koen Holtkamp, dos músicos, amigos desde la infancia, que crearon juntos el sello Apestaartje y, después de un tiempo dedicados a proyectos individuales, aunaron fuerzas en 2005 para producir conjuntamente un disco de ambient que recibió una cálida acogida. En Mountains combinaron sonidos electrónicos, instrumentos acústicos y grabaciones de campo en una mezcla de color pastoral que, aunque no era nueva, adquiría en sus manos una cualidad propia y prometía sorpresas de cara al futuro.

Sewn es la realización de aquella promesa. La mayoría de las composiciones son más cortas, lo cual favorece quizá una comprensión más nítida y global de las posibilidades musicales del dúo, dada su necesidad consecuente de centrarse en lo esencial. Sea como sea, estuvieron inspirados. En su crisol, el ejercicio minimalista de entrelazar elementos orgánicos y sintéticos –en un tapiz electroacústico– se vuelve arte, y cada paisaje sonoro, una serie de pinceladas efectuadas con delicadeza sobre un lienzo vacío. Más que una mente pensante y organizadora o una fría computadora, uno tiene la sensación de que lo que hay detrás de Sewn es ni más ni menos que un amor sincero y creativo por cada sonido y su relación con los demás. En un entorno sonoro natural, entre sonidos acuáticos y demás elementos sabiamente engarzados, el resultado es admirable.

El disco se abre con "Sewn One" y a uno le parece verse rodeado de improviso, en medio del bosque, por una orquesta de faunos y ninfas afinando instrumentos en una alucinada polifonía bajo las estrellas. En "Sewn Two", la guitarra juega con una sencilla melodía que a cada escucha nos va empapando suave, indolentemente pero sin remedio, como una lluvia fina. En "Simmer" las gotas repiquetean literalmente y, en “Bay”, vuelve la guitarra a un primer plano antes de dejar paso al agua y los sonidos envolventes de "Below". "Interlude" es un corto paso hacia la siguiente etapa, una invitación a prepararnos para lo que viene: la increíble "Hundred Acre", la pieza más larga y un prodigio de producción y eufonía, donde el dúo tiene más espacio para hacer su alquimia en un fluir progresivo de trece minutos que te transporta a un notable estado de paz e inmersión musical. "Sheets", al fin, te despierta del sueño y cierra el disco con serenidad.

Lejos de las atmósferas opresivas, melancólicas o monótonas de otros proyectos de ambient, la música de Mountains se mueve en el terreno de la experimentación inteligente con el fin de alcanzar una musicalidad orgánica y eufónica y de evocar un estado anímico agradable y sosegado, lo que da a esta banda un carácter único en el contexto de la escena. La precisión está al servicio de la espontaneidad y no del ritmo, resultando la ilusión de que la naturalidad triunfa sobre la producción. Lo cual se traduce en la sensación –probablemente equivocada– de que Sewn capta una pizca de la voz de los ríos y las montañas.