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viernes, 23 de noviembre de 2012

The Fractal Sound en Sala López



Zaragoza, Sala López, jueves 22 de noviembre de 2012.

Dentro del ciclo Deversiones de la Sala López, la banda zaragozana The Fractal Sound tocó el jueves pasado el Wish You Were Here de Pink Floyd. No sólo era la primera vez que iba a verlos en directo, sino que tenía cierta emoción especial de a ver qué pasa, como si también fuera a ver por primera vez a Pink Floyd, no sé si me explico. ¿Te imaginas ir a un concierto de Pink Floyd en los 70? Bueno, pues aquí tuvimos la oportunidad el jueves, o algo así. En virtud de esa anticipación, tenía ganas y al mismo tiempo estaba ahí la sombra de las expectativas, siempre tan tiranas y aguafiestas (porque claro, estamos hablando de ese disco). Procuré, eso sí, dejarlas estar y disfrutar de lo que viniera, tal como viniera, porque, como todos sabemos, esa es la única manera de disfrutar de algo.

Los músicos empezaron a hacer su alquimia a lo grande. Empezaron fuerte, convenciendo, con la maravillosa primera parte de "Shine On You Crazy Diamond" sonando bien, sonando muy bien y cada vez mejor, con ese solo gilmouriano, el ambiente espacial de fondo, la batería empezando suave y el blues, tan energética y fiel al original que si cerrabas los ojos te podías imaginar a los Pink Floyd sobre el escenario. Ojo, lograron provocar el estremecimiento en esos momentos de la canción que tú sabes. Muy buenos. En seguida me di cuenta de que los músicos no sólo sabían reproducir con fidelidad el original, sino que tenían su propio carisma y merecía la pena abrir bien los ojos para ver a The Fractal Sound y dejar de lado el simulacro de ver a Pink Floyd. Además, pronto empezaron las sorpresas y las improvisaciones. Desgranaron el disco completo, y volvieron a provocar escalofríos en la segunda parte de "Shine On...".



Grandes músicos todos con sus instrumentos. Muy buenas las intervenciones esporádicas del saxo. Y lo más importante: fluyen muy bien juntos y disfrutan visiblemente.

Después del WYWH, tocaron algunos temas de su próximo disco. Una vez convencido con su notable tributo, llegó la hora de descubrir su propia música en directo. Ellos hablan en su facebook de "rock post-psicodélico y post-progresivo". Ok. Me vinieron pensamientos sobre influencias variadas del prog y sobre todo el post-rock, incluida la más descuidada últimamente, la de Tortoise, lo que siempre es una alegría. ¡Pero basta de etiquetas y comparaciones! La cosa es que sus canciones me gustaron. Hubo bucles emocionantes y mucha potencia combinada con delicadeza (ese piano).

Gran concierto, estupendos visuales. Para terminar, versionaron esa maravilla del primer álbum de Pink Floyd: "Interstellar Overdrive", ¡qué emoción cuando la anunciaron! No me lo esperaba para nada, y no había mejor manera de acabar y de irse contento a casa. Gracias.

sábado, 12 de mayo de 2012

Phaedra en Centro Joaquín Roncal


Zaragoza, Centro Joaquín Roncal, jueves 19 de abril de 2012.

Energía y amor en el ambiente. Esa es la impresión, en pocas palabras, que me llevé de la estancia de Phaedra en Zaragoza. Habiendo disfrutado y madurado desde el año pasado un disco tan bonito como The Sea, el concierto prometía ser intenso y memorable, y lo fue de un modo encantador y sorprendente, dejando atrás cualquier expectativa. La magia surgía del escenario y llenaba la sala, uniendo a artistas y oyentes en el fluir de misteriosas energías canalizadas en canciones. Las manos de Ingvild jugaban con su guitarra, un teclado y un instrumento maravilloso que, según me contó, creo era un arpa folk, cítara noruega o harpeleik. Y su voz, hechizando al público con encantos norteños, ancestrales. A su derecha, su compañero pintaba los fondos con sintes varios, coloreando el espacio psíquico de la sala con esos sonidos psicodélicos que tan bien envuelven ese núcleo de folk frío de neblinas y orillas de mar en invierno.

En el disco, la clara voz de Ingvild suena muy bien, pero no llega a mostrar de verdad el poderío que tiene en directo: impresionante, cómo canta, qué voz tan bonita, trabajada, hábil y sugerente. Una voz que recorría la sala, subía de pronto la frecuencia vibratoria del lugar, captaba tu atención y la impulsaba por encima de los lugares acostumbrados, sacándote de tu estado rutinario de espectador pasivo y mostrándote un resquicio de la belleza del universo, atrapándote, comprometiéndote con la experiencia.


La pareja repasó el repertorio de The Sea con pulcritud y vida: las canciones se mantenían fieles al disco pero respiraban con vida propia, la del momento, enriquecidas con nuevos y distintos acompañamientos electrónicos, vibrantes con las luces destellantes del arpa folk, de fascinante, cautivadora sonoridad. Y presentaron tres nuevas canciones, adelanto del segundo disco de la anunciada trilogía, que dejaron buen sabor y ganas de más. Para mí, el momento más transportador del concierto vino con "The Sea", el tema más largo del disco: cuando su progresivo fluir desembocó en esas escenas de ensueño submarino, con el arpa envolviéndote en sus acordes acuáticos de reino de sirenas y la voz energética de Ingvild impulsándote a las alturas, desencadenó algo de verdad bonito, intenso y asombroso.

En conciertos así de íntimos e intensos, se siente ese algo que se comparte. Hay ahí seres humanos, vida y conciencia y aire y emoción y tantas cosas, todo compartido, sin límites. La música se vive como un fluir y un disfrute y no puedes decir sino gracias. Gracias a Phaedra por un concierto tan bonito, cálido y ensoñador. La noche fue mágica y reservaba bonitas sorpresas. Ella aportó su presencia y la belleza vino a nuestro encuentro.

[fotos: gracias lorena]

lunes, 2 de abril de 2012

Daniel Higgs en Arrebato

Genio descendido a la tierra

Zaragoza, sala Arrebato, domingo 1 de abril de 2012.

En el escenario, un tío que, por un lado, llama la atención, y por otro parece alguien que te podrías encontrar en la calle, familiar y extraño al mismo tiempo. Larga barba gris, tatuajes en las manos y en el cuello, vestido como a medio camino entre estar por casa con amigos en alguna fiesta peligrosa pero en familia, y entre andar de trovador de feria medieval cutre pero entrañable.

Empieza a tocar el banjo y lo que me asombra no es sólo su apabullante dominio del instrumento, no, es que parece que se hace uno con él, que juega con él como si fuera un amigo o un ser vivo querido, exigiéndole a veces y otras aceptando que no da más de sí en ese momento, y me pregunto con quién habla, si con el instrumento o con su musa invisible o consigo mismo, porque los gestos de su cara son de conversación amigable, como que ahora hace maravillas dejándose llevar por vientos astrales que nadie más ve en la sala, y después, de regreso a la tierra, busca el hilo y sonríe risueño y acepta, tranquilamente, que ya ha pasado el momento, y sigue jugando con el banjo, ya llegará otra vez el espíritu. Y llega.

Despidiendo energía luminosa en pleno delirio

Y canta con su voz potente, y marca el ritmo con los pies, a veces bailarines, como un niño feliz con su juguete, ajeno a todo lo demás, y se entrega a la música que fluye a su través despreocupadamente y como en un alucinar permanente en sustrato, haciéndonos alucinar a los demás, como por resonancia, cuando la emoción sale en ondas tímbricas de su boca poseída. El color es un número, sinestesia, oh, sinestesia, sinestesia. A veces toca canciones reconocibles, bromea sobre la reproducción fiel y precisa a la que obviamente no se esclaviza, sino que improvisa libremente, sin temor a perderse, y aunque se pierda, en seguida encuentra otra senda, y sigue. Encarnando varias culturas, sin vergüenza y sin despeinarse, en una persona, Oriente y medioevo y blues y rock and roll, todo vibrante en su folk simple y desnudo de tío sentado tocando el banjo. Psicodélico en su canalizar energías pero extrañamente comedido, entregándose y volando con los ojos cerrados, lisérgico pero manteniendo el control, como un buen músico que sabe jugar y dejarse llevar sin desvariar, transmitiendo ese salirse de madre momentáneo, excéntrico en esos gestos repentinos con las manos, como manipulando algo invisible en el aire, haciéndose con las sonrisas y risas del público como artista callejero, y al momento sus dedos tatuados haciendo maravillas con las cuerdas, y él como en trance pero con los pies en la tierra.

Al final la gente aplaude, y él se pone a aplaudir a la gente y hace crecer la cosa poniéndole más ganas que el público, y la cosa acaba con gritos en plan eufórico y descontrolado por las dos partes y risas, y me quedo no sabiendo si el tío simplemente tiene sentido del humor o está situado en un nivel psíquico especial y peligroso o qué pasa. Un concierto corto pero intenso y alucinante, un disfrute. Gracias a Bombo y Platillo, y espero que sigan poniendo la mirada en músicos tan interesantes, y trayéndonoslos por mucho tiempo a Zaragoza, este espacio desolado en el que casi no me puedo creer que haya visto en directo a Daniel Higgs.

Blues, sinestesia y amor


[gracias lorena por las fotos 1 y 2]

domingo, 20 de enero de 2008

O'Carolan en Centro Cultural CAI

Centro Cultural CAI de Pº de las Damas, Zaragoza. Eran las 20:30 h. del viernes 18 de enero de 2008 y el salón, totalmente lleno, esperaba la llegada de los músicos del grupo aragonés O’Carolan, que venían a presentar su tercer disco, El reloj secreto. El escenario, de momento, estaba habitado en silencio por los instrumentos; destacaba, naturalmente, el arpa, cuyas bellas formas anunciaban buenos augurios, y también un violonchelo inesperado. Por fin llegaron, y como siempre fue un placer hallarse en su compañía. Pilar Gonzalvo al arpa irlandesa, Susana Arregui al violín y el nyckelharpa, Julián Ansuategui al bodhran y percusiones, Miguel Ángel Fraile a las flautas y gaita, Jesús Acero al bouzouki y gaitas, Chema Arcarazo a la guitarra acústica y una invitada especial al violonchelo. La acústica del recinto era sorprendentemente buena y se veía perfectamente a todos los músicos desde cualquier asiento. La noche estaba cargada de promesas.

Como es habitual, Miguel Ángel Fraile aportó sus cálidas palabras a la hora de presentar temas y contar anécdotas, contribuyendo a crear un ambiente intimista, agradable y familiar que, por lo demás, viene ya dado por las buenas vibraciones que siempre transmite el grupo. Creo que, viviendo uno de sus conciertos, queda claro que son músicos que aman de verdad la música que tocan, que disfrutan y hacen esto por amor a la música, y eso se nota. A medida que avanzaba el concierto, se percibía la creciente entrega de un público que no podía evitar quedar enamorado por el sonido maravilloso del arpa de Pilar Gonzalvo o la interpretación llena de sentimiento de Miguel Ángel a las flautas. Todos los músicos estuvieron enormes, individualmente y en conjunto, combinando su maestría técnica con el amor, el sentimiento y la armonía con que fluía la música. Todos los temas que tocaron resultaron preciosos y encantadores, tanto los nuevos como los viejos. Su música, desnuda de artificios modernos, es un vivo fluir, una actualización de la música tradicional, que es intemporal y nunca pasa de moda; se nutren del repertorio del arpista ciego Turlough O’Carolan, que concilió lo celta y lo barroco, pero también de otras tradiciones –hubo una canción de origen judío, que no desentonó ni lo más mínimo– y de composiciones propias. Interpretaron todas o casi todas las canciones del nuevo disco así como algunas de las más representativas de los anteriores; de éstas, no faltaron la preciosa "El sueño de O’Carolan" ni "Ladyllon", por poner dos ejemplos de su estupendo álbum de 2004, La Llave de los Sueños. Los aplausos al final de cada tema eran cada vez más sonoros; cuando el concierto acabó, revelaban amor y pedían más. Ellos se volvieron a sentar para regalar un par de bises, que culminaron en un emocionante final en el que el público se levantó de los asientos, totalmente entregado, para agradecer con una impresionante ovación lo que fue un concierto maravilloso. A la salida, había cola para comprar el CD y firmar en el libro de visitas del grupo. El éxito, total, se evidenciaba en la sonrisa que a todos nos había aflorado a la cara.

Es un auténtico privilegio poder asistir a una gozada de concierto como éste, tan hermoso y conmovedor, y contar con la presencia de un grupo como O’Carolan, que nos regala música que alegra el alma. ¡Gracias!