sábado, 12 de septiembre de 2015

Max Corbacho, Splendid Labyrinths



(2015)

El nuevo trabajo de Max Corbacho es uno de esos discos que van desplegándose a medida que los vuelves a escuchar una y otra vez, revelando su profundidad poco a poco, de manera que un buen día te encuentras sumergido en sus paisajes sonoros con una sensación difícil de definir, como si las piezas empezaran a encajar, o como ver un paisaje grandioso por primera vez aunque ya lo hayas visto muchas veces. Asombro es tal vez la palabra que expresa mejor lo que me hace sentir esta música. Evoca en cierto modo el asombro ante lo numinoso de la vida. Su música siempre ha explorado esos terrenos, y Splendid Labyrinths viene a ser un nuevo paso en ese camino.

Si en The Ocean Inside, su anterior trabajo, me encontré flotando en unas profundidades azules de belleza submarina, esta vez es más como un viaje soñado a mundos astrales de espacios nebulosos, túneles de luz y patrones de armonía secreta. La experiencia comienza en una espiral luminosa que te lleva a no sabes dónde, más allá y más profundo, a un abismo sin fondo que es en realidad un viaje que nunca acaba. La senda luminosa fluye hacia el centro. El abismo te atrae y te dejas absorber en el interior, más y más profundo. A partir de ahí, todo es un mecerse en el espacio, un oleaje de ondas luminosas que se suceden bajo capas de nubes vaporosas, un fundirse en la belleza de paisajes sonoros que evolucionan siempre como en torno a un centro que eres tú en lo más íntimo, un ir y venir en espiral, un sueño en constante transformación que acaba disolviéndose en el silencio.

Con Splendid Labyrinths, Max Corbacho continúa su periplo musical por el misterio de los espacios infinitos abriendo puertas a mundos imaginados, ocultos, que a veces puede uno percibir a través de la magia del arte. La música es un misterio que hace en nosotros cosas extrañas, y esta música en especial, que se inspira en lo ilimitado, es una fuente de disfrute extraño y poderoso. Este disco es una obra artesanal que destaca tanto en la urdimbre técnica como en la habilidad para conectar con esas profundidades que hay en el mundo y en nosotros. Esta música te transporta, porque está hecha con amor, y no puede ser descrita sino con resonancias líricas: belleza, luz, imaginación.


viernes, 22 de mayo de 2015

2014 en música

Una selección de diez de los discos del año pasado que más he venido disfrutando. En orden alfabético.






Aphex Twin, Syro
(Warp)

La IDM de Aphex Twin resulta aquí tan entretenida, creativa y bien ensamblada como en algunos de sus mejores momentos. Más allá de las expectativas, es una buena colección de acid techno de la vieja escuela con su sello personal, que tal vez no rompe esquemas pero gana a cada escucha. Todo suena muy bien y muy equilibrado, como el trabajo de un artesano que sabe hacer un artilugio de calidad. Es de destacar esa notable capacidad que tiene de mantenerte atento y a la escucha con viejos recursos y su inconfundible buena mano para la melodía, el ritmo y, en fin, el arte de hacer música electrónica.




Lucette Bourdin, Brushtrokes Echo

Conmovedor recopilatorio del ambient espacial que esta artista se dedicó a componer durante los años de su enfermedad hasta su muerte. Desde que oí "Drowning in Drone" en SomaFM, quedé impresionado y de alguna manera fascinado por su música y por la circunstancia vital que rodeó a su creación, esa canalización de belleza y paz a través del arte, en medio del sufrimiento. Esta antología recoge algunas de las obras que fue publicando en netlabels, piezas de ambient expansivo, cósmico, con un sentido de la maravilla y una marcada feminidad que le dan un carácter único y una sensibilidad muy especial.




Vashti Bunyan, Heartleap

El regreso de Vashti Bunyan es tan encantador y bonito como era de esperar. Su música, su voz, tienen esa delicadeza, esa belleza y esa capacidad de conmover las fibras más sutiles, que conocemos tan bien de sus otros dos discos. Su despedida discográfica nos deja una nueva colección de canciones que vibran en esa misma frecuencia contemplativa y apacible, capaces de conquistar tu corazón sin prisas y con esa serena sensibilidad, ese amor.




Earth, Primitive and Deadly

Este es el disco que más me ha sorprendido, y el que más he escuchado y sigo escuchando con frecuencia, de toda la lista. Earth, banda exponente del drone metal y aledaños, y al mismo tiempo inclasificables, independientes de toda etiqueta y cauce, artífices de su propio lenguaje, inimitables, se reencarnan en un grupo de rock psicodélico y se marcan este puñado de temazos que desafían sus propios límites y los barómetros de calidad de un género muy de moda ahora. Earth no están disfrazándose, en realidad. Lo suyo es el rock lento, son artesanos y maestros en ese gremio o religión, y su música en este disco suena amenazadora y sinuosa como una serpiente. La maravillosa portada lo termina de redondear.




Natural Snow Buildings, The Night Country

Nueva entrega de las exploraciones de otros mundos que esta pareja de brujos viene canalizando en forma de psicodelia folk y jams de drone telúrico-cósmico. Natural Snow Buildings parece ser, a estas alturas, una tradición musical, con todo lo que conlleva la palabra tradición: creatividad y experimentación dentro de unos límites más o menos claros. Es un alivio que sigan ahí tejiendo, soñando, como sólo ellos saben hacer. Si te paras a escuchar y conectas, esta colección de canciones es, como siempre, íntima y maravillosa. Te transporta. [Reseña]
 




Orphan Fairytale, My Favourite Fairytale

Ondas y sueños para perderse. Mantras de la naturaleza, sinfonías de gotas de agua y reflejos cristalinos. Este recopilatorio recoge cuatro piezas largas de la artista, publicadas en los últimos años, joyas multifacéticas que asoman a universos de patrones geométricos extraños que viven y te envuelven como hechizos, como mundos incomprensibles en expansión. Feérico, hipnótico, onírico, extraño y encantador.




Stag Hare, Gazer
(self released)

El drone gozoso de Stag Hare, más desnudo y espacial que nunca, en cuatro miradas que te dejan flotando en su sonar a cielo. 




Jonn Serrie, Day Star

Jonn Serrie, artista conocido dentro de la new age desde su clásico And the Stars Go With You de 1987, ha tenido varias vertientes musicales, siendo la de aquel debut la que le identifica como un autor fundamental de la música espacial. Música de planetarios, de visiones idílicas de un espacio lleno de sentido de la maravilla, asombro y promesas de exploración, a eso suena su música. Sus grandes discos en esta línea son increíbles, realmente te transportan a ese imaginario de espacios siderales y nebulosas multicolor, y este no es menos grande que sus mejores títulos.




Tuluum Shimmering, The Sky Tree

La música hipnótica, repetitiva y llena de vida de Tuluum Shimmering, en un delirio progresivo que te deja sin palabras. El uso del piano, en su progresiva exaltación, resulta impactante. Un disco tremendo en la siempre brillante discografía de este prolífico artista.




Ulaan Passerine, Byzantium Crow

Este disco recrea en mi imaginación la historia de un aprendiz de maestre que, tras huir de la Ciudadela en circunstancias sospechosas, cruzó el Muro y se unió al Pueblo Libre. Más tarde abandonó a Mance Rayder y, junto con otros renegados que como él eran músicos avezados, se montó un conventículo en una caverna abandonada, donde se dedican a improvisar jams hipnóticas bajo la influencia de las energías mágicas de un viejo arciano del lugar. El cuervo de la portada escucha y asiente, complacido.



miércoles, 15 de abril de 2015

Natural Snow Buildings, The Night Country



(Self-released, 2014 / Vulpiano, 2015)

Esta pareja de músicos ha conectado con energías de otros mundos, han conectado entre ellos y han conectado conmigo y con muchos otros seres humanos desde hace ya unos cuantos años, y a través de todo este tiempo han desarrollado un lenguaje que, dentro de su carácter experimental, tiene unos rasgos más o menos definidos. Natural Snow Buildings parece ser, a estas alturas, una tradición musical, con todo lo que conlleva la palabra tradición: creatividad y experimentación dentro de unos límites. No hay límites realmente, sino los que marca su lenguaje, que es un lenguaje en evolución y con límites sólo aparentes, porque no hay nada a lo que aferrarse en los mundos totalmente otros a los que Natural Snow Buildings se asoman en su experimentación. Su música puede no resultar ya tan impactante como en 2007 a quien les haya seguido estos años, y siempre está el peligro de caer en la trampa del lenguaje y decir: ah, esto ya lo he escuchado. La realidad es que, si te paras a escuchar y conectas, esta música es, como siempre, maravillosa.

Todo lo grande y bello que esta pareja de brujos saben hacer está aquí. Nanas como "Where Your Body Split" y "Eli's Song" te mecen con lo íntimo de la voz y esa familiar guitarra que tan bien se entralaza con ella, haciéndote sentir triste y feliz a la vez en poco más de dos minutos. "You'll Become What You Fear the Most", "Rusty Knives Valley", son de esas piezas largas capaces de llevarte a mundos de ensueño en las alas de sus hipnóticas jams electroacústicas, como el drone infinito de "The Night Country" o la oscuridad de "Sister Ritual" o "Sandman Traps". Estas canciones vienen de nuevo a hacerte sentir que no sabes cómo te sientes pero por favor que no pare de sonar, pues tienen siempre algo de esa magia que nos enamoró en "Wisconsin" y en aquellas maravillas de The Dance of the Moon and the Sun. Esa energía cósmica y telúrica, esas puertas a otros mundos, ese snow folk de brujería y hojarasca y penumbra.

A veces pasa que la música de una banda llega a ti en una etapa concreta de tu vida y conectas profundamente con ellos, con su mensaje, con las energías que canalizan. Luego miras atrás y asocias aquellas experiencias que viviste, aquellos libros que leíste (en mi caso, Castaneda y NSB van de la mano), lo que sea, con esta música que tan mágicamente armonizó contigo. Las modas pasan, los booms se pierden en el olvido, pero hay algo muy especial en toda aquella ola de folk mágico, algo que no muere, y Mehdi y Solange siguen en ese mundo y con el mismo espíritu, ajenos a todo comercialismo, explorando y haciéndonos partícipes de sus oníricas exploraciones. ¡Es muy de agradecer!

Aunque en un principio este disco salió en una limitadísima edición en CD-R, ahora está disponible su versión digital a través de Vulpiano Records.



free download

[reseña también publicada en microphones in the trees!]

domingo, 13 de abril de 2014

2013 en música

Han pasado unos meses desde el cambio de año y la actividad del blog ha decelerado considerablemente, porque ya no escribo tanto sobre los discos que me gustan. Pero tenía en borrador la lista de fin de año y la primavera le ha dado el empujón para salir de una vez. Es una lista pequeña, de los 10 discos del 2013 que más disfruté durante el año pasado. Aquí van, en orden alfabético, con breve descripción y enlaces a la reseña (si la hubo) y a alguna canción, vídeo o bandcamp.




Devendra Banhart, Mala

Un disco de folk sencillo, luminoso y relajado, en el que Devendra amplía con calma su lenguaje en una colección de canciones bonitas y agradables que acompañan muy bien mientras limpias el polvo de la habitación. [review / listen]




Blood Ceremony, The Eldritch Dark

Entre el doom y la psicodelia, con ese sabor clásico del heavy psych y ese componente acústico y melancólico tan del norte, este es un disco muy bueno y variado, situado un poco en esa movida de occult rock pero con carácter propio, con canciones redondas, desarrollos progresivos y una curiosa y pagana mezcla de tonos oscuros y festivos. [listen]




Buchikamashi, Superbrain

Es difícil destacar algún disco de entre toda esta nueva ola de música bonita y calma y mágica que se suele etiquetar como new age, hay tanta calidad constante a un nivel tan subterráneo, que abruma. Este disco es de lo que más me ha impactado en ese terreno en los últimos años: una maravilla de ambient, relajante y luminoso y profundo y meditativo. [listen]




DARKSIDE, Psychic

Le han puesto etiquetas tan dispares como art pop, microhouse o neo-psicodelia. A mí me parece un disco bastante inclasificable, algo así como un experimento casi ambiental en las periferias de la música de baile, que suena un montón al lado más atmosférico de Pink Floyd. No sé si genial, pero sí muy entretenido y absorbente. [listen]




Hexvessel, Iron Marsh

El folk lento, psicodélico y tenebroso de aquelarre neopagano que esta banda de brujos recrea se acerca en este EP al rock progresivo, especialmente en la impresionante "Masks of the Universe". Música única, misteriosa y adictiva, con buenos versos sobre la naturaleza, la magia y el universo. [review / listen]




Mountains, Centralia

El drone verde de guitarra y electrónica de Mountains regresó con un retorno a la electroacústica que en realidad es más un compendio de todos sus trabajos. Ambient tranquilo, bonito y luminoso como es habitual, con una guitarra más audaz y versátil y otras suaves sorpresas. [review / listen]




Pan•American, Cloud Room, Glass Room
(Kranky)

"The Cloud Room", ese inicio de disco tan Twin Peaks, es una de mis canciones favoritas del año, e introduce un juego de música calma y experimental entre el ambient y el jazz lento y el post-rock, entre el sello de calidad del ex-Labradford y la estupenda colaboración del percusionista S. R. Hess. [listen]




Puerta del Sol, Puerta del Sol

Colaboración entre Pandelindio y Oliwa, una belleza de disco misterioso, espiritual, mágico y primario, cuyas improvisaciones entre los instrumentos acústicos artesanales y el sonido de sintetizador antiguo te sumergen en un mundo extraterrestre y tradicional a un tiempo, tocando el cielo por momentos, como en la inmersiva "Mezcalito". [listen]




Stag Hare, Angel Tech

La música luminosa y mágica de Stag Hare me parece esta vez menos acústica y más electrónica, algo más urbana que tribal, pero suena a paz y felicidad como siempre, en esa feliz mixtura de drones y ritmos y melodías simples evocadoras de paraísos, resultando un disco fresco y armónico que suena a la vez natural, bailable y espacial. [review / listen]




Steven Wilson, The Raven That Refused to Sing (And Other Stories)

Obra maestra del rock progresivo de los últimos años, por el líder de Porcupine Tree y aclamado gurú de la escena, con grandes influencias de King Crimson y un talento innegable que hace de este disco un monumento lleno de canciones redondas y poderosas, instrumentación brillante y profundidad emocional. No sólo es tan bueno como dicen, sino que mágicamente me ha empezado a gustar Porcupine Tree después de años sin que me dijeran mucho. [listen]

*

Y para acabar, algunos pocos discos más que he reseñado o que igualmente disfruté el año pasado.

Death in June, The Snow Bunker Tapes
Daniel Higgs, The Godward Way
Ethernet, Opus 2
Guapo, History of the Visitation 
Hear Hums, EP
Mountains, Live at the Bottletree
Tuluum Shimmering, Raag Wichikapache / Lake of Mapang
Chelsea Wolfe, Pain Is Beauty

Como he publicado esta lista prácticamente tal como estaba preparada desde principios de enero, a día de hoy faltarían unos cuantos más que he conocido a través de las listas de otros, especialmente en microphones in the trees! como de costumbre. Pero si añadiera alguna de esas joyas, esta lista tendría menos sentido aún que el que tiene como lista del año publicada en abril, y no se puede decir que publicada en enero hubiera tenido mucho más sentido del que ahora pueda tener.

Paz.

jueves, 20 de marzo de 2014

Silver Antlers, All A River


(Inner Islands, 2014)

Mi año musical empezó con este bonito disco, de un artista que sólo conocía por algunas canciones sueltas que brillaban como gemas. La portada me resulta un tanto enigmática por el contraste entre el gris de ese paraje al parecer desértico, y una música nada gris, evocadora, para mí, de paisajes de agua y vegetación. Y el símbolo, ¿es el de la paz invertido, o la runa Algiz en un círculo? ¿En busca de algo espiritual? No sé, dejémoslo en algo indefinido, como su presentación: "A collection of songs written and recorded for someone, something or somewhere."

En mi mundo particular de asociaciones, resuena el recuerdo de los Animal Collective más folk y extáticos, y los bucles gozosos de Stag Hare, y las vibraciones de paz y amor que en general emana el catálogo de maravillas de Inner Islands. Guitarra acústica y eléctrica, voces juguetonas o indolentes o sedantes o celestes, tono de relajación y disfrute, melodías suaves, armonía, eufonía, drone, field recordings, tranquilidad. Especiales, en las primeras escuchas, suenan "Love Song For Seven Sisters" y sobre todo "Return To The River": ese drone infinito de paraísos de ensueño y percusión sosegada que tanto nos gusta. ¡Ah!, y esas flautas lánguidas y misteriosas del mundo sutil que suenan de fondo tras la guitarra terrenal de "Pine" y su despliegue de energías interdimensionales en pleno bosque. En fin, un disco agradable, bello y amoroso para acompañar febrero con música de frecuencia vibratoria alta e intención positiva.

listen / buy

(publicado primero en microphones in the trees.) 

sábado, 28 de diciembre de 2013

Stag Hare, Angel Tech


(2013, Space Slave)

Desde hace algunos años, Garrick Biggs ha venido haciendo, bajo el nombre Stag Hare, una música de las más bonitas y fascinantes que han llegado a mí. Es uno de esos casos en que el hecho de que un artista no sea masivamente conocido y amado me resulta en cierto sentido extraño e incomprensible. Pero tampoco voy a tratar de explicármelo; simplemente me permito disfrutarlo, y recomendarlo. De su discografía, conozco Black Medicine Music y Spirit Canoes, ambos maravillosas obras de arte que me transportan a un mundo paradisíaco de una gozosa manera que no puedo explicar. A alguien a quien tuviera que contar de qué va su música haciendo referencia a palabras conocidas, le podría mencionar a Animal Collective, la psicodelia, el folk y el drone, tal vez el ambient techno de Gas y la sensibilidad new age. Pero nada de eso es verdaderamente descriptivo, porque lo que hace Stag Hare es nuevo y profundamente creativo. Algo más justo podría ser apuntar a las maravillas que vienen surgiendo desde hace unos años del sello Inner Islands, siempre una mina de piedras preciosas por descubrir.

En todo caso, un nuevo disco de Stag Hare, como se comprenderá, es una noticia de las mejores, en esto del amor y la música. A estas alturas, la perspectiva parece indicar que el progreso desde Black Medicine Music hasta aquí ha apuntado a una cada vez mayor presencia electrónica en la urdimbre orgánica de sus canciones. La psicodelia folk de Spirit Canoes ya tenía mucho de eso y su espíritu tribal sonaba casi casi a música de baile, si bien propia de alguna fiesta en el paraíso. En Angel Tech, el músico parece haber dado un paso más en ese sentido porque, además de sonar esta vez menos acústico y más electrónico, asoman a veces ritmos modernos, más urbanos que tribales, lo que, combinado con el sonido general de paz y felicidad que tan bien sabe transmitir el autor con sus drones y su uso repetitivo de melodías simples, da lugar a un conjunto fresco y armónico que suena a la vez natural, bailable y espacial. Alguien ha dicho "New Age house" (Weed Temple). Algo así.

*

In recent years, Garrick Biggs has been making, under the Stag Hare moniker, some of the most beautiful and fascinating music that has come to me. This is one of those times when the fact that an artist is not widely known and loved is so strange for me in a sense. But I'm not going to try to explain it, let me just enjoy and recommend it. I knew Black Medicine Music and Spirit Canoes, both wonderful works of art that transport me to a paradise in a joyful way I cannot explain. If I had to tell someone what this music sounds like doing reference to known words, I could mention Animal Collective, psychedelia, folk and drone, maybe the ambient techno of Gas and New Age sensitivity. But none of that is really descriptive, since what Stag Hare is making is new and deeply creative. It would be fairer pointing to the wonders that have been emerging in recent years from the label Inner Islands, a mine of gemstones to discover.

In any case, a new Stag Hare album, as you will understand, is one of the best news in this thing about love and music. At this point, the perspective suggests that progress from Black Medicine Music has to do something with a growing presence of electronics in the organic warp of his songs. The folky psychedelia of Spirit Canoes had already plenty of that and its tribalism sounded almost like dance music, although more suitable to a party in paradise. In Angel Tech, the musician seems to have taken a step in that direction because, not only this time it sounds less acoustic and more electronic, but also there are some modern rhythms, more urban than tribal, which, combined with the overall sound of peace and happiness that so well the author knows how to transmit with his drones and this repetitive use of simple melodies, result in a fresh and harmonious music, sounding natural, danceable and spacey at the same time. Someone said "New Age house" (Weed Temple). Something like that.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Juno Reactor, The Golden Sun of the Great East

(2013, Metropolis)

El trance es un estilo poco masivo y poco conocido pero, cuando uno se acerca a él, se encuentra con un terreno sorprendentemente creativo y evolutivo. No concuerda con la imagen tópica que uno pueda haber mantenido de sus tiempos de formación en los noventa: la de esa música de baile repetitiva, simple e hipnótica que a los oídos no entrenados no parecía muy distinta del techno puro y duro de las pistas de baile. Lo de repetitiva e hipnótica desde luego que sí, pero no siempre simple. Desde muy pronto, los artistas del género empezaron a evolucionar y a experimentar en una línea muy distinta a la que tomó ese otro gran género de la electrónica experimental que, partiendo del techno y del ambient, resultó en una relativamente exitosa IDM que hoy en día parece en crisis. En lugar de extremar la complejidad rítmica y la exploración de las texturas y los ambientes, el trance que nos interesa aquí (Goa, psy) tiró por la psicodelia y la fusión con la world music. Por mi parte no conozco ni una pequeña parte de la escena, excepto unos pocos nombres, sobre todo dos: Juno Reactor y Hallucinogen, el segundo de los cuales evolucionó pronto a ese otro proyecto fundamental, con parámetros más downtempo y con fuertes influencias de la world music, llamado Shpongle.

En cuanto a Juno Reactor, más anclado en las raíces techno, aunque igualmente versátil y abierto a la fusión intercultural y la experimentación, mantuvo siempre un sonido particularmente oscuro y como de ciencia-ficción, con el que participó en varias bandas sonoras de películas de los noventa, especialmente en la trilogía de Matrix. Sus temas para Matrix: Reloaded y Matrix: Revolutions, que mezclaban un moderno trance frío y oscuro con el sonido fílmico orquestal del compositor Don Davis, dieron un tono gloriosamente épico a algunas escenas de estas dos películas, de las que algunos aún recordamos el asombro. Estas composiciones se incluyeron en 2004 en el disco Labyrinth, acompañadas de otras en la misma línea. Un disco muy cinematográfico y espectacular, con esa combinación de techno de orientación trance, música clásica, coros, rock y fusión étnica. Tras una espera de cuatro años, llegó Gods & Monsters, un disco raro, irregular y muy poco trance que dejó a muchos desconcertados; aunque el cambio podría haber sido bueno, de hecho en aquel momento no me dijo mucho.

Con The Golden Sun of the Great East, casi todo el mundo parece haber quedado contento. Juno Reactor vuelve a recuperar su sonido reconocible, enraizado en el Goa trance de sus discos anteriores a Labyrinth pero incorporando al mismo tiempo el trabajo hecho desde entonces, a veces con guiños directos a algunos pasajes de su trabajo para Matrix. Todo eso parece haber sido integrado con muy buen tino y con creatividad, porque los nuevos temas me suenan familiares al tiempo que novedosos y, lo más importante, piden más escuchas. Hay un poco de todo aquí, partes más bailables y otras más tranquilas, tonalidades frías y oscuras y sonidos de ciencia-ficción, por un lado, y una buena ración de música india y vibraciones positivas, por otro. "Final Frontier", el primer tema y carta de presentación del disco, incluso tiene una bastante clara reminiscencia a Vangelis. Esta canción es claramente la más memorable, con su vocación de himno en ese progresivo crescendo de diez minutos que, según tu disposición, puede llegar a ser emocionante.

En resumen, me parece un buen disco de este proyecto que, aun jugando en unos parámetros bastante bien definidos, sabe moverse con libertad y creatividad sin caer en la mera fórmula. Aunque sin duda alejado del gusto mainstream del underground de la electrónica (¿tiene eso algún sentido?), dentro de la escena psytrance es sin duda esencial. Para mí, de la electrónica rítmica más disfrutable del año.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Mountains, Centralia


(Thrill Jockey, 2013)

Mountains es uno de los proyectos más importantes surgidos de la escena del ambient electroacústico de la década pasada. Con una propuesta de partida próxima en lo técnico a la de otros grandes representantes de la escena, como Fennesz y Tim Hecker, la de combinar el sonido acústico de los más variados instrumentos físicos con las posibilidades casi ilimitadas de la electrónica digital en el marco de un drone en constante evolución, su trabajo se caracterizó desde un principio por una orientación espiritual distinta, más positiva, calma y armónica que en general la que aquellos exploraban, y por un uso mayor de grabaciones de campo, recogidas de las producciones sonoras de la naturaleza, como el murmullo del agua en sus más variadas modalidades. El resultado de esta propuesta inicial, plasmado en el homónimo disco de debut de 2005, y un año más tarde en el precioso y paradisíaco Sewn, era una música relajante, verde, eufónica y ambiental al tiempo que experimental, compleja y rica en texturas, un matrimonio exquisito entre un compromiso con la belleza casi pictórico, y la sutil e intrincada ingeniería sonora de los artistas electrónicos de su generación.

Choral llegó en 2009 y fue un paso adelante tanto en la evolución musical del proyecto como de cara a hacer más visible el trabajo del dúo. Enraizado con coherencia en sus trabajos anteriores pero más ambicioso, llevaba las cosas mucho más allá dando a su propuesta original una orientación más pop, tal vez más cercana al post-rock pero sin sus excesos, dando una nueva profundidad emocional a sus cada vez más ricos y bellos paisajes sonoros. Fue en todo caso el salto a un público más masivo, en parte gracias al paso de la producción independiente a la mayor distribución posibilitada por su nueva casa Thrill Jockey. En mi opinión, el ambient glorioso de Choral queda como uno de los discos más redondos, necesarios y fundamentales de la electrónica de la década, junto con el Endless Summer de Fennesz y los trabajos de Stars of the Lid.

El progreso del dúo siguió por caminos distintos en Air Museum, dejando atrás la electroacústica digital y abriéndose a las posibilidades del retorno de la electrónica analógica. Fue un disco diferente, que seguía siendo rico y orgánico en su diálogo sonoro pero con un sonido más frío y espacial, en algún momento incluso rítmico y mecánico, que en todo caso no resultaba tan cautivador como las emocionantes oleadas marinas de Choral. Por este motivo, muchos que habían conocido a Mountains con el disco anterior se sintieron decepcionados y se echaron para atrás, privándose de la calidad que sin duda el nuevo trabajo tenía. Mountains han hecho gala siempre de una renovación constante de su música, siempre en busca de nuevos caminos, de un nuevo lenguaje, lo cual es el sino (para bien o para mal) de la electrónica de vanguardia. Pero el camino que han tomado es muy diferente de aquel otro más oscuro y denso de artistas hoy aclamados como Tim Hecker. Tal vez por eso, me da la impresión, aquel cuenta con un público entusiasta cuantitativamente mayor, porque la oscuridad y la densidad son de esas cosas que más resuenan en el mundo de hoy; mientras que la música de Mountains, no menos interesante artísticamente, se presta menos a la satisfacción inmediata del oyente casual.

Por fin, Centralia es la última manifestación de esa evolución. Y suena, en cierto sentido, como un compendio de todo lo anterior. Hay un cierto retorno al ambient electroacústico de guitarra introspectiva de sus primeros tiempos, pero aún está presente el sonido analógico de los últimos años. Es como si hubieran puesto en la paleta todos los recursos que han venido utilizando en distintas etapas, para pintar una serie de cuadros, entre descriptivos y narrativos, que hablan como entre velos de sueños, de un viaje nebuloso e hipnótico a algún planeta extraño o a alguna isla misteriosa de arena blanca, o... Cualquier escenario surrealista que tu imaginación recree al escuchar su música puede ser válido. Y ahí está, creo, la principal diferencia con los discos anteriores. Nunca hasta este trabajo me había parecido la música de Mountains tan espacial, y no me refiero al espacio exterior, sino a la espacialidad, a la extensión terrenal y palpable. Su música, esta vez, me habla más que nunca a la imaginación en términos espaciales, pero de una manera vaga y confusa, por lo que me es muy difícil describir los paisajes que me recrea. Son paisajes cálidos y fríos al mismo tiempo, de una gran isla desértica, con diferentes relieves y ríos y arenas y partes cubiertas por el hielo y atmósferas vaporosas y densas en el cielo. Es una música geológica y aérea y desconcertante, por decir algo.

Un ambient, en general, cálido y bello y tranquilo como siempre, con algunas sorpresas, como algo de distorsión casi doom en esa guitarra más versátil y audaz que nunca, y un final muy evanescente y casi casi neoclásico. Para apreciarlo bien, hay que darle muchas escuchas, por lo que muchos seguramente lo dejarán de lado o lo valorarán negativamente sin darle la oportunidad de mostrar su riqueza. Al menos en mi caso, es un disco que empezó dejándome algo perplejo, ha crecido muy lentamente a lo largo de los meses, y finalmente me ha ido calando como un disco disfrutable y de gran calidad, no por cierto de esos que revolucionan tu vida o te enganchan como una droga, pero sí altamente satisfactorio y agradable como disco ambiental. También está el factor conexión. Una vez conectas con el sonido y el espíritu de una banda, hay un amor ahí que te permite ver lo que otros no ven. A lo mejor también es eso. En todo caso, Centralia es uno de los discos más sólidos y bonitos que he escuchado en este 2013, y lo recomiendo a cualquier aficionado al ambient y demás ritmos lentos y expansivos placeres auditivos del siglo XXI.

domingo, 27 de octubre de 2013

Biosphere, Substrata


(All Saints, 1997; Touch, 2001; Biophon, 2011)

Substrata es un abismo insondable. Es un abismo que no tiene fondo. O acaso, es tal la música que Geir Jenssen concibió aquí, que conecta con esa cualidad abismal de forma que te absorbes en su profundidad de un modo asombroso. Te asomas al abismo y sientes vértigo y atracción a la vez, como ocurre en las grandes alturas y junto a los precipicios. Es como un sueño en el que entras y de pronto te encuentras flotando, descendiendo hacia una profundidad invisible, y tal vez podrías decir, como escribió Neil Gaiman en The Sandman: "Si mi sueño fue verdad, todo lo que sabemos y todo lo que creemos que sabemos es mentira. Significa que el mundo es casi tan sólido y fiable como una capa de suciedad sobre un pozo sin fondo de agua negra. Y en el fondo hay cosas en las que no quiero ni pensar." Pero has de afrontar esas sombras, esas emociones, esa tiniebla que te envuelve, porque en su corazón se oculta la luz. De forma parecida, el genio de Biosphere hace el milagro, o el truco, de conducirte a las vastas profundidades de la conciencia, o de simularlo al modo mágico en que la música lo hace, a través de la expansividad sonora de sus paisajes inabarcables.

Substrata es un abismo inagotable. Pasan los años, y las noches, y siempre vuelvo a este disco y siempre me sigue emocionando, y sigo dejándome acariciar por sus suaves ondas, su agradable penumbra, su belleza sublime, las huellas de David Lynch y los ecos de Twin Peaks, sus sonidos árticos de agua y viento y hielo, su emotividad, su ternura, su profundidad, su frío supremo, su cálida luminosidad, su tiniebla insuperable. Es verdad que es una de las altas cumbres (o uno de los abismos más profundos) del ambient de todos los tiempos. Es verdad que es una referencia insoslayable de la música electrónica experimental y siempre un envidiable hallazgo para el que todavía no lo conoce. Pero es más que eso, mucho más. Las palabras se quedan cortas. No puedo describir con propiedad esta obra maestra, seguramente porque la conexión es tal que en ella no veo nada de particular, sólo abismo. Siempre hay más, más detalles, más abajo, más hondo, más adentro.

lunes, 7 de octubre de 2013

Ethernet, Opus 2


(Kranky, 2013)

«The bulk of recording took place during the darkest months of winter in the Pacific Northwest, between late-night shifts providing technical support for hospital operating rooms. The pieces on the album each formed gradually and spontaneously during extended improvised sonic meditations as part of the composer's own trancework (or self-hypnosis) practice, this in an effort to remove specific compositional intention from the process, instead just allowing them to "happen". If 144 Pulsations... was about expansion of awareness and opening to the light that surrounds us, Opus 2 is intended to induce inner contemplation and internalized focus on the light within us. It is also a statement on the gradual darkening and inexorable decay of our modern world, and the need to look within to find true support and sustenance from one's own energetic source. Patience and perseverance.» (Ethernet)

Suave, vaporoso, esponjoso como nubes rosadas, así suena este bonito disco de ambient que parece compartir vibraciones con el cuarzo rosa de la portada. Grabado por su autor en algo así como un estado de trance y compuesto con una orientación hacia la meditación y la sanación, se le puede ver cierto parentesco con el ambient espacial de Steve Roach y compañía, a la vez que resuena en él algo de las primeras composiciones de Aphex Twin, así como tal vez algún punto de contacto con el drone más reciente de artistas como Fennesz y Tim Hecker. Sin embargo, tiene un claro carácter propio, una energía diferente, que me ha calado a la primera escucha, posiblemente por el espíritu que irradia, más cósmico, pacífico y positivo que en las referencias citadas.

Sus drones sintéticos empiezan en tonos pastel en "Monarch", un inicio muy tranquilo y cautivador, que me trae a la memoria los inicios de los discos de Mountains. Después, sin embargo, va adentrándose en un púrpura brillante más interestelar y misterioso, hasta llegar a la expansividad catártica de "Pleroma". Recorren sus paisajes, rítmicamente, pulsos poco intrusivos y algunas texturas más ásperas que otras, que se superponen en una riqueza sonora de capas y ambientes de distinta densidad que dan la sensación de estar flotando en la atmósfera extraña de un planeta de seres incorpóreos.

Resulta en general un disco fluido, relajante, hipnótico y agradable, con una cualidad sutilmente dinámica y ligeramente melódica que le suma atractivo e interés. Un buen fondo para hacer lo que estés haciendo flotando a unos centímetros del suelo, y un nombre, el de Tim Gray, para seguir de cerca.

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Soft, vaporous, fluffy like pink clouds, this is how this beautiful ambient album sounds, seeming to share vibrations with the pink quartz of the cover. Recorded by the author in something like a trance and composed with a focus on meditation and healing, you can see here a link to the space ambient of Steve Roach and company, while something of the first compositions of Aphex Twin may echo in it, as well as maybe some point of contact with latest drone artists like Fennesz and Tim Hecker. However, it has a clear character, a different energy that has caught me on first listen, possibly because of the mood it radiates, more cosmic, peaceful and positive than in the mentioned references.

Synthetic drones of pastel colors start the trip in "Monarch", a very quiet and charming onset, which reminds me the usual starts in Mountains albums. Later it goes deeper into a more interstellar and mysterious bright purple, reaching the cathartic expansiveness of "Pleroma". Its soundscapes are rhythmically crossed by not intrusive pulses and some textures rougher than others, which overlap in rich sound layers and drones of different densities that give you the feeling of being floating in the strange atmosphere of a planet of incorporeal beings.

Overall, it is a fluid, relaxing, hypnotic and pleasant record, with a subtly dynamic and slightly melodic quality that adds appeal and interest to it. A good background for doing what you're doing floating a few inches above the ground and a name, Tim Gray, to follow closely.