sábado, 28 de diciembre de 2013

Stag Hare, Angel Tech


(2013, Space Slave)

Desde hace algunos años, Garrick Biggs ha venido haciendo, bajo el nombre Stag Hare, una música de las más bonitas y fascinantes que han llegado a mí. Es uno de esos casos en que el hecho de que un artista no sea masivamente conocido y amado me resulta en cierto sentido extraño e incomprensible. Pero tampoco voy a tratar de explicármelo; simplemente me permito disfrutarlo, y recomendarlo. De su discografía, conozco Black Medicine Music y Spirit Canoes, ambos maravillosas obras de arte que me transportan a un mundo paradisíaco de una gozosa manera que no puedo explicar. A alguien a quien tuviera que contar de qué va su música haciendo referencia a palabras conocidas, le podría mencionar a Animal Collective, la psicodelia, el folk y el drone, tal vez el ambient techno de Gas y la sensibilidad new age. Pero nada de eso es verdaderamente descriptivo, porque lo que hace Stag Hare es nuevo y profundamente creativo. Algo más justo podría ser apuntar a las maravillas que vienen surgiendo desde hace unos años del sello Inner Islands, siempre una mina de piedras preciosas por descubrir.

En todo caso, un nuevo disco de Stag Hare, como se comprenderá, es una noticia de las mejores, en esto del amor y la música. A estas alturas, la perspectiva parece indicar que el progreso desde Black Medicine Music hasta aquí ha apuntado a una cada vez mayor presencia electrónica en la urdimbre orgánica de sus canciones. La psicodelia folk de Spirit Canoes ya tenía mucho de eso y su espíritu tribal sonaba casi casi a música de baile, si bien propia de alguna fiesta en el paraíso. En Angel Tech, el músico parece haber dado un paso más en ese sentido porque, además de sonar esta vez menos acústico y más electrónico, asoman a veces ritmos modernos, más urbanos que tribales, lo que, combinado con el sonido general de paz y felicidad que tan bien sabe transmitir el autor con sus drones y su uso repetitivo de melodías simples, da lugar a un conjunto fresco y armónico que suena a la vez natural, bailable y espacial. Alguien ha dicho "New Age house" (Weed Temple). Algo así.

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In recent years, Garrick Biggs has been making, under the Stag Hare moniker, some of the most beautiful and fascinating music that has come to me. This is one of those times when the fact that an artist is not widely known and loved is so strange for me in a sense. But I'm not going to try to explain it, let me just enjoy and recommend it. I knew Black Medicine Music and Spirit Canoes, both wonderful works of art that transport me to a paradise in a joyful way I cannot explain. If I had to tell someone what this music sounds like doing reference to known words, I could mention Animal Collective, psychedelia, folk and drone, maybe the ambient techno of Gas and New Age sensitivity. But none of that is really descriptive, since what Stag Hare is making is new and deeply creative. It would be fairer pointing to the wonders that have been emerging in recent years from the label Inner Islands, a mine of gemstones to discover.

In any case, a new Stag Hare album, as you will understand, is one of the best news in this thing about love and music. At this point, the perspective suggests that progress from Black Medicine Music has to do something with a growing presence of electronics in the organic warp of his songs. The folky psychedelia of Spirit Canoes had already plenty of that and its tribalism sounded almost like dance music, although more suitable to a party in paradise. In Angel Tech, the musician seems to have taken a step in that direction because, not only this time it sounds less acoustic and more electronic, but also there are some modern rhythms, more urban than tribal, which, combined with the overall sound of peace and happiness that so well the author knows how to transmit with his drones and this repetitive use of simple melodies, result in a fresh and harmonious music, sounding natural, danceable and spacey at the same time. Someone said "New Age house" (Weed Temple). Something like that.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Juno Reactor, The Golden Sun of the Great East

(2013, Metropolis)

El trance es un estilo poco masivo y poco conocido pero, cuando uno se acerca a él, se encuentra con un terreno sorprendentemente creativo y evolutivo. No concuerda con la imagen tópica que uno pueda haber mantenido de sus tiempos de formación en los noventa: la de esa música de baile repetitiva, simple e hipnótica que a los oídos no entrenados no parecía muy distinta del techno puro y duro de las pistas de baile. Lo de repetitiva e hipnótica desde luego que sí, pero no siempre simple. Desde muy pronto, los artistas del género empezaron a evolucionar y a experimentar en una línea muy distinta a la que tomó ese otro gran género de la electrónica experimental que, partiendo del techno y del ambient, resultó en una relativamente exitosa IDM que hoy en día parece en crisis. En lugar de extremar la complejidad rítmica y la exploración de las texturas y los ambientes, el trance que nos interesa aquí (Goa, psy) tiró por la psicodelia y la fusión con la world music. Por mi parte no conozco ni una pequeña parte de la escena, excepto unos pocos nombres, sobre todo dos: Juno Reactor y Hallucinogen, el segundo de los cuales evolucionó pronto a ese otro proyecto fundamental, con parámetros más downtempo y con fuertes influencias de la world music, llamado Shpongle.

En cuanto a Juno Reactor, más anclado en las raíces techno, aunque igualmente versátil y abierto a la fusión intercultural y la experimentación, mantuvo siempre un sonido particularmente oscuro y como de ciencia-ficción, con el que participó en varias bandas sonoras de películas de los noventa, especialmente en la trilogía de Matrix. Sus temas para Matrix: Reloaded y Matrix: Revolutions, que mezclaban un moderno trance frío y oscuro con el sonido fílmico orquestal del compositor Don Davis, dieron un tono gloriosamente épico a algunas escenas de estas dos películas, de las que algunos aún recordamos el asombro. Estas composiciones se incluyeron en 2004 en el disco Labyrinth, acompañadas de otras en la misma línea. Un disco muy cinematográfico y espectacular, con esa combinación de techno de orientación trance, música clásica, coros, rock y fusión étnica. Tras una espera de cuatro años, llegó Gods & Monsters, un disco raro, irregular y muy poco trance que dejó a muchos desconcertados; aunque el cambio podría haber sido bueno, de hecho en aquel momento no me dijo mucho.

Con The Golden Sun of the Great East, casi todo el mundo parece haber quedado contento. Juno Reactor vuelve a recuperar su sonido reconocible, enraizado en el Goa trance de sus discos anteriores a Labyrinth pero incorporando al mismo tiempo el trabajo hecho desde entonces, a veces con guiños directos a algunos pasajes de su trabajo para Matrix. Todo eso parece haber sido integrado con muy buen tino y con creatividad, porque los nuevos temas me suenan familiares al tiempo que novedosos y, lo más importante, piden más escuchas. Hay un poco de todo aquí, partes más bailables y otras más tranquilas, tonalidades frías y oscuras y sonidos de ciencia-ficción, por un lado, y una buena ración de música india y vibraciones positivas, por otro. "Final Frontier", el primer tema y carta de presentación del disco, incluso tiene una bastante clara reminiscencia a Vangelis. Esta canción es claramente la más memorable, con su vocación de himno en ese progresivo crescendo de diez minutos que, según tu disposición, puede llegar a ser emocionante.

En resumen, me parece un buen disco de este proyecto que, aun jugando en unos parámetros bastante bien definidos, sabe moverse con libertad y creatividad sin caer en la mera fórmula. Aunque sin duda alejado del gusto mainstream del underground de la electrónica (¿tiene eso algún sentido?), dentro de la escena psytrance es sin duda esencial. Para mí, de la electrónica rítmica más disfrutable del año.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Mountains, Centralia


(Thrill Jockey, 2013)

Mountains es uno de los proyectos más importantes surgidos de la escena del ambient electroacústico de la década pasada. Con una propuesta de partida próxima en lo técnico a la de otros grandes representantes de la escena, como Fennesz y Tim Hecker, la de combinar el sonido acústico de los más variados instrumentos físicos con las posibilidades casi ilimitadas de la electrónica digital en el marco de un drone en constante evolución, su trabajo se caracterizó desde un principio por una orientación espiritual distinta, más positiva, calma y armónica que en general la que aquellos exploraban, y por un uso mayor de grabaciones de campo, recogidas de las producciones sonoras de la naturaleza, como el murmullo del agua en sus más variadas modalidades. El resultado de esta propuesta inicial, plasmado en el homónimo disco de debut de 2005, y un año más tarde en el precioso y paradisíaco Sewn, era una música relajante, verde, eufónica y ambiental al tiempo que experimental, compleja y rica en texturas, un matrimonio exquisito entre un compromiso con la belleza casi pictórico, y la sutil e intrincada ingeniería sonora de los artistas electrónicos de su generación.

Choral llegó en 2009 y fue un paso adelante tanto en la evolución musical del proyecto como de cara a hacer más visible el trabajo del dúo. Enraizado con coherencia en sus trabajos anteriores pero más ambicioso, llevaba las cosas mucho más allá dando a su propuesta original una orientación más pop, tal vez más cercana al post-rock pero sin sus excesos, dando una nueva profundidad emocional a sus cada vez más ricos y bellos paisajes sonoros. Fue en todo caso el salto a un público más masivo, en parte gracias al paso de la producción independiente a la mayor distribución posibilitada por su nueva casa Thrill Jockey. En mi opinión, el ambient glorioso de Choral queda como uno de los discos más redondos, necesarios y fundamentales de la electrónica de la década, junto con el Endless Summer de Fennesz y los trabajos de Stars of the Lid.

El progreso del dúo siguió por caminos distintos en Air Museum, dejando atrás la electroacústica digital y abriéndose a las posibilidades del retorno de la electrónica analógica. Fue un disco diferente, que seguía siendo rico y orgánico en su diálogo sonoro pero con un sonido más frío y espacial, en algún momento incluso rítmico y mecánico, que en todo caso no resultaba tan cautivador como las emocionantes oleadas marinas de Choral. Por este motivo, muchos que habían conocido a Mountains con el disco anterior se sintieron decepcionados y se echaron para atrás, privándose de la calidad que sin duda el nuevo trabajo tenía. Mountains han hecho gala siempre de una renovación constante de su música, siempre en busca de nuevos caminos, de un nuevo lenguaje, lo cual es el sino (para bien o para mal) de la electrónica de vanguardia. Pero el camino que han tomado es muy diferente de aquel otro más oscuro y denso de artistas hoy aclamados como Tim Hecker. Tal vez por eso, me da la impresión, aquel cuenta con un público entusiasta cuantitativamente mayor, porque la oscuridad y la densidad son de esas cosas que más resuenan en el mundo de hoy; mientras que la música de Mountains, no menos interesante artísticamente, se presta menos a la satisfacción inmediata del oyente casual.

Por fin, Centralia es la última manifestación de esa evolución. Y suena, en cierto sentido, como un compendio de todo lo anterior. Hay un cierto retorno al ambient electroacústico de guitarra introspectiva de sus primeros tiempos, pero aún está presente el sonido analógico de los últimos años. Es como si hubieran puesto en la paleta todos los recursos que han venido utilizando en distintas etapas, para pintar una serie de cuadros, entre descriptivos y narrativos, que hablan como entre velos de sueños, de un viaje nebuloso e hipnótico a algún planeta extraño o a alguna isla misteriosa de arena blanca, o... Cualquier escenario surrealista que tu imaginación recree al escuchar su música puede ser válido. Y ahí está, creo, la principal diferencia con los discos anteriores. Nunca hasta este trabajo me había parecido la música de Mountains tan espacial, y no me refiero al espacio exterior, sino a la espacialidad, a la extensión terrenal y palpable. Su música, esta vez, me habla más que nunca a la imaginación en términos espaciales, pero de una manera vaga y confusa, por lo que me es muy difícil describir los paisajes que me recrea. Son paisajes cálidos y fríos al mismo tiempo, de una gran isla desértica, con diferentes relieves y ríos y arenas y partes cubiertas por el hielo y atmósferas vaporosas y densas en el cielo. Es una música geológica y aérea y desconcertante, por decir algo.

Un ambient, en general, cálido y bello y tranquilo como siempre, con algunas sorpresas, como algo de distorsión casi doom en esa guitarra más versátil y audaz que nunca, y un final muy evanescente y casi casi neoclásico. Para apreciarlo bien, hay que darle muchas escuchas, por lo que muchos seguramente lo dejarán de lado o lo valorarán negativamente sin darle la oportunidad de mostrar su riqueza. Al menos en mi caso, es un disco que empezó dejándome algo perplejo, ha crecido muy lentamente a lo largo de los meses, y finalmente me ha ido calando como un disco disfrutable y de gran calidad, no por cierto de esos que revolucionan tu vida o te enganchan como una droga, pero sí altamente satisfactorio y agradable como disco ambiental. También está el factor conexión. Una vez conectas con el sonido y el espíritu de una banda, hay un amor ahí que te permite ver lo que otros no ven. A lo mejor también es eso. En todo caso, Centralia es uno de los discos más sólidos y bonitos que he escuchado en este 2013, y lo recomiendo a cualquier aficionado al ambient y demás ritmos lentos y expansivos placeres auditivos del siglo XXI.

domingo, 27 de octubre de 2013

Biosphere, Substrata


(All Saints, 1997; Touch, 2001; Biophon, 2011)

Substrata es un abismo insondable. Es un abismo que no tiene fondo. O acaso, es tal la música que Geir Jenssen concibió aquí, que conecta con esa cualidad abismal de forma que te absorbes en su profundidad de un modo asombroso. Te asomas al abismo y sientes vértigo y atracción a la vez, como ocurre en las grandes alturas y junto a los precipicios. Es como un sueño en el que entras y de pronto te encuentras flotando, descendiendo hacia una profundidad invisible, y tal vez podrías decir, como escribió Neil Gaiman en The Sandman: "Si mi sueño fue verdad, todo lo que sabemos y todo lo que creemos que sabemos es mentira. Significa que el mundo es casi tan sólido y fiable como una capa de suciedad sobre un pozo sin fondo de agua negra. Y en el fondo hay cosas en las que no quiero ni pensar." Pero has de afrontar esas sombras, esas emociones, esa tiniebla que te envuelve, porque en su corazón se oculta la luz. De forma parecida, el genio de Biosphere hace el milagro, o el truco, de conducirte a las vastas profundidades de la conciencia, o de simularlo al modo mágico en que la música lo hace, a través de la expansividad sonora de sus paisajes inabarcables.

Substrata es un abismo inagotable. Pasan los años, y las noches, y siempre vuelvo a este disco y siempre me sigue emocionando, y sigo dejándome acariciar por sus suaves ondas, su agradable penumbra, su belleza sublime, las huellas de David Lynch y los ecos de Twin Peaks, sus sonidos árticos de agua y viento y hielo, su emotividad, su ternura, su profundidad, su frío supremo, su cálida luminosidad, su tiniebla insuperable. Es verdad que es una de las altas cumbres (o uno de los abismos más profundos) del ambient de todos los tiempos. Es verdad que es una referencia insoslayable de la música electrónica experimental y siempre un envidiable hallazgo para el que todavía no lo conoce. Pero es más que eso, mucho más. Las palabras se quedan cortas. No puedo describir con propiedad esta obra maestra, seguramente porque la conexión es tal que en ella no veo nada de particular, sólo abismo. Siempre hay más, más detalles, más abajo, más hondo, más adentro.

lunes, 7 de octubre de 2013

Ethernet, Opus 2


(Kranky, 2013)

«The bulk of recording took place during the darkest months of winter in the Pacific Northwest, between late-night shifts providing technical support for hospital operating rooms. The pieces on the album each formed gradually and spontaneously during extended improvised sonic meditations as part of the composer's own trancework (or self-hypnosis) practice, this in an effort to remove specific compositional intention from the process, instead just allowing them to "happen". If 144 Pulsations... was about expansion of awareness and opening to the light that surrounds us, Opus 2 is intended to induce inner contemplation and internalized focus on the light within us. It is also a statement on the gradual darkening and inexorable decay of our modern world, and the need to look within to find true support and sustenance from one's own energetic source. Patience and perseverance.» (Ethernet)

Suave, vaporoso, esponjoso como nubes rosadas, así suena este bonito disco de ambient que parece compartir vibraciones con el cuarzo rosa de la portada. Grabado por su autor en algo así como un estado de trance y compuesto con una orientación hacia la meditación y la sanación, se le puede ver cierto parentesco con el ambient espacial de Steve Roach y compañía, a la vez que resuena en él algo de las primeras composiciones de Aphex Twin, así como tal vez algún punto de contacto con el drone más reciente de artistas como Fennesz y Tim Hecker. Sin embargo, tiene un claro carácter propio, una energía diferente, que me ha calado a la primera escucha, posiblemente por el espíritu que irradia, más cósmico, pacífico y positivo que en las referencias citadas.

Sus drones sintéticos empiezan en tonos pastel en "Monarch", un inicio muy tranquilo y cautivador, que me trae a la memoria los inicios de los discos de Mountains. Después, sin embargo, va adentrándose en un púrpura brillante más interestelar y misterioso, hasta llegar a la expansividad catártica de "Pleroma". Recorren sus paisajes, rítmicamente, pulsos poco intrusivos y algunas texturas más ásperas que otras, que se superponen en una riqueza sonora de capas y ambientes de distinta densidad que dan la sensación de estar flotando en la atmósfera extraña de un planeta de seres incorpóreos.

Resulta en general un disco fluido, relajante, hipnótico y agradable, con una cualidad sutilmente dinámica y ligeramente melódica que le suma atractivo e interés. Un buen fondo para hacer lo que estés haciendo flotando a unos centímetros del suelo, y un nombre, el de Tim Gray, para seguir de cerca.

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Soft, vaporous, fluffy like pink clouds, this is how this beautiful ambient album sounds, seeming to share vibrations with the pink quartz of the cover. Recorded by the author in something like a trance and composed with a focus on meditation and healing, you can see here a link to the space ambient of Steve Roach and company, while something of the first compositions of Aphex Twin may echo in it, as well as maybe some point of contact with latest drone artists like Fennesz and Tim Hecker. However, it has a clear character, a different energy that has caught me on first listen, possibly because of the mood it radiates, more cosmic, peaceful and positive than in the mentioned references.

Synthetic drones of pastel colors start the trip in "Monarch", a very quiet and charming onset, which reminds me the usual starts in Mountains albums. Later it goes deeper into a more interstellar and mysterious bright purple, reaching the cathartic expansiveness of "Pleroma". Its soundscapes are rhythmically crossed by not intrusive pulses and some textures rougher than others, which overlap in rich sound layers and drones of different densities that give you the feeling of being floating in the strange atmosphere of a planet of incorporeal beings.

Overall, it is a fluid, relaxing, hypnotic and pleasant record, with a subtly dynamic and slightly melodic quality that adds appeal and interest to it. A good background for doing what you're doing floating a few inches above the ground and a name, Tim Gray, to follow closely.

domingo, 6 de octubre de 2013

Hear Hums, EP


(Inner Islands, 2013)

Sales al jardín a explorar y te haces pequeñito como una mariposa y das un paseo entre las flores, y descubres que hay un mundo enorme y desconocido ahí fuera, multicolor, lleno de texturas y vibraciones que nunca podrías haber imaginado en tu pequeña realidad de persona. Los espíritus de la naturaleza se revelan a tus ojos de niño y te llevan de viaje a la profundidad de esos patrones extraños y perfectos del infinito en el rostro de las flores. Siempre la vida bullendo, pajarillos y la magia del bosque y voces en estado animal y gatitos y elfos y todo en su sitio y desatino controlado y la luz de las islas interiores brillando en todo, y todo tan bonito y tú sonriendo y no sabiendo.

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You come out to the garden and explore and get tiny like a butterfly and go for a walk among the flowers and find that there is a huge and unknown world out there, a colorful, full of texture and vibrations one that you could never have imagined in your person small reality. The spirits of nature appear to your childish eyes and take you to a trip into the depth of those strange, perfect patterns of the infinite in the face of flowers. Life overflowing, birdies and magic of the forest and animal state voices and kittens and elves and everything in its right place and controlled folly and the light of the inner islands shining in all, and all so beautiful, and you smiling, and unknowing.

listen ~ buy the cassette

[publicado primero, en español, en microphones in the trees.]

jueves, 15 de agosto de 2013

Hexvessel, Iron Marsh


(Svart, 2013)

Hexvessel brillan de creatividad y energía, paso a paso brillando más y más desde que empezaron a publicar hace no más de un par de años. Desde el primer momento, no han parado de hacer buena música ni de sorprender con su talento ni de poco a poco encandilar con ese folk raro de penumbras misteriosas, el folk lento y sereno y tenebroso de algún aquelarre neopagano preñado de calma locura, brujos del fin del mundo cantando cosas ocultas en torno a un fuego en lo profundo del bosque. Me encanta ese halo misterioso que tiene su música. Además, cuentan con una voz magnífica, una instrumentación rica y variada que no baja de la excelencia, y buenos versos sobre la naturaleza, la magia y el universo.

En este EP, el sonido deviene más rock y más progresivo, sin abandonar el marco folk y el tono doom. Me gustan las cinco canciones, pero la primera es especial: "Masks of the Universe". Canción del año desde la segunda o tercera escucha. Es tal vez, bajo mi punto de vista, lo mejor que han hecho. Una pieza de rock progresivo, psicodélico y espacial que además recoge todo eso que da forma a su personal y cautivador sonido y lo eleva a un nivel superior. Conmueven desde el primer verso: "This is the end of the world", tocando alguna fibra en la que conectamos, y de nuevo encuentro aquí eso que tanto nos mueve, esa repetición indefinida, ese complacerse en unos pocos acordes certeros, ese mantra hasta el infinito... Pronto el ritmo cambia, empero, y cantan al reencantamiento de la naturaleza, al renacimiento, a la antigua luz y el mar de la sabiduría, siendo el verso "The only way into the universe is through a clearing in the forest" un buen resumen de lo que están haciendo. Placer.

jueves, 27 de junio de 2013

Opium Warlords, We Meditate Under the Pussy in the Sky


(Svart, 2012)

Proyecto individual de Sami Hynninen (Albert Witchfinder de los míticos Reverend Bizarre), artista muy creativo y brillante, quien en este disco explora raros paisajes esotéricos con un lenguaje nuevo, inventado sobre la marcha, que tal vez podría ser definido, muy en general, como doom experimental, siempre que se tenga en cuenta que eso son sólo palabras para orientarnos a priori. En realidad la música en este disco es mucho más amplia y audaz que cualquier etiqueta ya acuñada, si bien es verdad que el doom parece el punto de partida, el epicentro de la experiencia, lo cual no es de extrañar hablando de quien hablamos. Pero hay mucho más aquí: un espíritu próximo al folk psicodélico a veces, mucho drone y noise, un poquito de rabia black, algo de rock progresivo incluso, como sutil aderezo al experimento. El gusto por las texturas sonoras y el crepitar eléctrico de las guitarras, que tanto enriqueció los discos de Reverend Bizarre, es uno de los sabores especiales aquí. Un órgano de iglesia, una batería marcial, un bajo poderoso e hipnótico, y ante todo la oscuridad profunda y comprometida que tan bien conoce este señor. Todo lo convierte en un disco coherente y afinado, una muy personal exploración que tal vez resulte especialmente atractiva para uno que haya amado y conectado con la música de Reverend Bizarre, como servidor; muy diferente, desde luego, pues aquí hay muy poco de "tradicional", pero ahí está el espíritu, y sobre todo la creatividad y el sentido de la belleza de su principal artífice, que es lo que más importa, me parece. En todo caso, cualquiera que disfrute del buen doom sin limitaciones o simplemente del rock experimental, debería prestarle atención. Es un pequeño disco perfecto, lleno de vida y pasión, para disfrutar con mente abierta, calma y fascinación.

domingo, 23 de junio de 2013

Daniel Higgs, The Godward Way


(Latitudes, 2013)

Cualquier cosa que hace este hombre es una experiencia extraña e intensa, un resonar de vibraciones de un mundo no cotidiano que subyace a este de apariencias y emerge en cuanto suena su voz y sus dedos hacen bailar las notas, de su campo energético a tu campo energético. O eso, o estoy tan pillado ya por su sonido, es tan clara la conexión, que mi capacidad de valorar, comparar y analizar se desconecta y todo me parece simplemente perfecto; seguramente hay que dar gracias por eso. Este disco es 23 minutos y pico de la magia de Daniel Higgs. Sí, hemos oído antes esas melodías, esas progresiones, o, para no engañarnos, digamos que otras parecidas; pero cada grabación en directo de este músico-chamán es un acto de creación sobre la marcha, de composición improvisada sobre motivos anteriores, como la Creación con mayúscula, que no nos queda otra que contemplar (¡oh, sinestesia!) y sentir con reverencia, en silencio, disfrutando la revelación de la verdad a través del sonido de su virtuoso divagar de cielo en cielo: ¡todo es nuevo! 

sábado, 4 de mayo de 2013

Vashti Bunyan, Lookaftering


(Fat Cat, 2005)

La voz íntima de Vashti, las suaves líneas de guitarra acústica, los arreglos delicados, las soberbias melodías y el tono de nana onírica, todo relaja, apacigua y acaricia en este disco.

Es un disco realmente mágico, el retorno de una dama olvidada del folk con una colección de canciones que suenan tan frescas y vivas como en su disco de 1970. Recuperada como un tesoro oculto por la escena de los 2000s, brilla como trayendo bendiciones del pasado, con esa sensibilidad única que es tan rara de encontrar, tanto en músicos jóvenes como en leyendas de otros tiempos. Viene acompañada de los arreglos de Max Richter y la colaboración de gente como Devendra Banhart y Joanna Newsom. Pero, aun sin estar arropada por tan insignes nombres, resultaría igual de encantadora o más, como se ve en el último tema, grabado en su espontánea desnudez.

Es un disco muy apropiado para ambientar suavemente una mañana, para dejarte acunar por su voz sanadora, por la ternura que evoca. Su voz es tan íntima y suave y bonita y amorosa, tan de ella, y el tono de su música es tan delicado y sutil, hay tanta belleza en su disco, tan redondas y auténticas todas las canciones, que sin duda me parece de lo más destacable de todo el folk de los últimos años. No sabemos si volverá a grabar algo, sería agradable que lo hiciera, pero tampoco importa mucho, porque con lo poquito que ha dejado oír hasta ahora de sí misma, ha dejado mucho, y muy luminoso y bueno.

sábado, 20 de abril de 2013

Devendra Banhart, Mala


(Nonesuch, 2013)

Devendra pasa del mundo y saca disquito adorable.

Un disquito adorable que es una colección de canciones redonditas y agradables y que suenan tan bien y tan de estar bien que lo escuchas una y otra vez y no cansa ni sobra ninguna, y te acompaña como una ventanita abierta por la mañana, por la que entra un aire fresco y bueno y los rayos del sol de Dios que derrite las últimas oscuridades del invierno, mientras limpias el polvo de la habitación, con una sonrisa y más relajadito que hace un momento.

Cuántas canciones bonitas tocadas y cantadas en calma, sin prisa, de mi paz a tu paz, así, así. Donde hay talento y luz, ya pueden pasar los años y las modas que lo bueno manará, porque sí. Ternura, flotar, belleza, despacito, sabiduría interior y amor, y ese ir madurando. "Für Hildegard von Bingen", "Never Seen Such Good Things", "Mi Negrita", la psicodelia hipnagógica de "Won't You Come Home", son aquí y ahora mismo las más bonitas, pero qué bien fluye de principio a fin. Gracias Devendra, por este disco primaveral tan necesario. Cada día me gustas más.

viernes, 29 de marzo de 2013

Guapo, History of the Visitation


 (Cuneiform, 2013)

Esta vez, Guapo han pasado de convencionalismos y, en lugar de intentar hacer un disco de canciones (dentro de los parámetros no precisamente convencionales del progresivo), se han metido de lleno en una odisea asombrosa de esas que te dejan preguntándote cómo es posible que haya una banda detrás de ese maremágnum. Y es que los veintiséis minutos de "The Pilman Radiant" son un auténtico viaje de rock progresivo sinfónico instrumental, un poco al estilo de Änglagård, donde las apabullantes habilidades técnicas de los músicos se disuelven en una historia, una sucesión de escenas en la que puedes entrar si te metes de lleno en la música, un sueño con su impecable guión narrativo, que se habrá de traducir a imágenes en tu imaginación.

Mantienen su enlace con la oscuridad extraterrena del Zeuhl, que se hace más presente en el dark ambient de "Complex #7", con sus fríos sonidos metálicos y electrónicos escribiendo la transición hacia "Tremors From the Future", la tercera y última pieza del disco, donde, desde unas bases más cercanas al krautrock, vuelve a asomar la cabeza el lado paranoico de su pasado Zeuhl, contando la historia de una huida alocada hacia no se sabe dónde, cuya ansiedad se ve suavemente mitigada por el groove de ese órgano repetitivo y las ocasionales reflexiones guitarrísticas, que parecen luchar en medio de la locura eléctrica por encontrar un sentido a esta existencia. El clímax crece y los músicos parecen decididos a encontrar la respuesta en medio de la vorágine del fin del mundo, hasta que de pronto emerge una paz imprevista de la acelerada ascensión hacia un cielo indeterminado, y la base en tierra pierde el contacto: la música ha pasado a otro nivel vibratorio no perceptible por tu equipo.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Reverend Bizarre, III: So Long Suckers



(Spikefarm, 2007)

La tercera gran obra de Reverend Bizarre, el retorno al vacío del que surgieron, el último sagrado sermón sobre la oscuridad, el arte y la muerte. Espectacular. No podrían haber cerrado el ciclo de una forma más majestuosa. Era difícil imaginar esto después del segundo álbum, Crush the Insects, tan puritano, clasicista y directo. Aquí lo que hay sigue siendo una lección magistral de Doom tradicional, pero con el nivel de grandiosidad y épica elevado al máximo, y un tono experimental nunca antes llevado tan lejos. No es de extrañar, dado que es un final deliberado, un sacrificio y un cierre, una muerte que había de ser épica, para un proyecto, o misión, que revitalizó un género con una fuerza y una personalidad fuera de lo común. El final tenía que ser a lo grande, y pusieron toda la energía en el esfuerzo.

Son dos discos de una hora cada uno, y no sobra ni un minuto. Se toman su tiempo para desgranar ad infinitum sus pesadas composiciones, a veces lentas como marchas fúnebres de un mundo denso y gris, otras aceleradas con los ritmos energéticos de repetitivos mantras guitarreros. Hay un progreso visible desde el trabajo anterior en las habilidades técnicas mostradas por los tres miembros de la banda, o más que un progreso, un salto: todos ellos brillan como nunca antes, sacando de sus instrumentos mucho más de lo que uno esperaría en el género, recreando a veces un cierto espíritu de jam pero a su modo sosegado y tétrico, casi jazzístico, donde la batería y especialmente el bajo, como en general en todo el disco, son los principales protagonistas. De igual forma, Albert canta con una mayor amplitud de registros, y su impresionante voz de tenebroso predicador te hiela los huesos con su vibrato, y vuelve a emocionar y a transmitir como en esa gran obra maestra que es In the Rectory of the Bizarre Reverend, su inspiradísimo debut. Ciñéndose a su propio dogma, a lo que son capaces de hacer dentro de los límites marcados por el lenguaje elegido y sus instrumentos, llegan hasta las últimas consecuencias, en un disco que vibra con el amor depositado en su confección. El resultado es una obra de arte, desde la hermosísima portada, pasando por cada una de las canciones, un monumento cada una de ellas, hasta los últimos sonidos escondidos de ultratumba, que parecen sugerir una transición a otro mundo, donde el Reverendo Bizarro sigue acaso tocando ante una audiencia incorpórea, cuyos ecos nos llegan distorsionados como a través del velo de la muerte.

Oscuridad, blues, psicodelia, el espíritu del hard rock de los 70, todo ello vivido y bebido en las fuentes, y hecho carne en la forma de un Doom metal apocalítico y tradicionalista no carente de sentido del humor y autoironía, Reverend Bizarre se convirtieron en leyenda y dieron fin a su fascinante carrera con este tremendo disco que revela a unos músicos en la cumbre de su inspiración e interacción como banda. Asusta pensar lo que podrían haber hecho de haber continuado. Nunca lo sabremos, pues fue un final definitivo, como desde entonces se han encargado de dejar bien claro. Quién sabe, sin embargo, si habrá renacimiento tras esa muerte. En todo caso, nos queda el apabullante testamento de una banda que es ejemplo de lo que puede ocurrir cuando se explora la creatividad con entrega a unos límites concretos y definidos. Doom what thou wilt!

sábado, 9 de marzo de 2013

Goat, World Music


(Rocket, 2012)

Un disco sorprendente y heterogéneo de rock mágico, expansivo y directo, lleno de flechas certeras que parecen haber sido lanzadas en plenos años 70 para, tras atravesar dimensiones desconocidas en un imposible viaje en el tiempo, acabar clavándose en esta oscura pista de baile del fin del mundo, dividida entre el hedonismo y la necesidad de retorno. Goat traen lucecitas y alegría para pasar un buen rato en ese ambiente, con un sonido retro muy cuidado y excitante en voz e instrumentos, como esos teclados de otras eras y unas percusiones tribales que enriquecen mucho el guiso. Me quedo especialmente con "Disco Fever" y su teclado efervescente, además del misticismo de ese relajadito viaje psicodélico que se marcan en los últimos siete minutos y medio del disco. Energético y colorido.

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An expansive and direct magic rock album, quite surprising and heterogeneous, full of accurate arrows which seem to have been thrown in the 70s and, after passing through unknown dimensions in an impossible time travel, reached this dark dancefloor in the end of the world, so divided between hedonism and the need to return. Goat brings lights and joy for it to have a good time, with a very exciting retro sound both in vocals and instruments, such as these keyboards from another ages and these tribal percussions which enrich greatly the stew. I'm especially into "Disco Fever" and its effervescent keyboard, and also the mysticism of this calm psychedelic trip they play in the last seven and a half minutes of the album. Energetic and colorful stuff.

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y un bonito y caleidoscópico vídeo para "det son aldrig förändras / diarabi":
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domingo, 17 de febrero de 2013

Max Corbacho, The Ocean Inside


(ad21, 2012)

Este disco, el primero de Max Corbacho que ha llegado a mí, es una obra de artesanía. Quiero decir con eso que me parece un trabajo que, recurriendo a un lenguaje más o menos definido, el de una tradición musical que pervive en el tiempo y evoluciona a través de diversos artistas, con influencias y orígenes más o menos claros (el ambient espacial de Steve Roach), resulta una obra destacada por su excelencia. Excelente por su calidad y su unicidad, porque rebosa creatividad y brilla con luz propia.

The Ocean Inside es un título que describe muy adecuadamente la música que esconde esa portada tan azul. Hay un océano insondable dentro de cada uno de nosotros. Esta música suena a un viaje a través de ese océano, a una inmersión en sus profundidades cada vez más oscuras, hacia esa luz misteriosa que brilla en el fondo. También podría muy bien ser imaginada como un viaje por el espacio exterior, o por los abismos desconocidos del mundo onírico. Las imágenes pueden variar, pero se trata en el fondo, sin duda, de un viaje por ese espacio que solemos percibir como interior. Este disco parece querer expresar algo de esa realidad con sus profundas atmósferas sonoras.

Mientras escuchas el primero de los dos discos del doble álbum, vas adentrándote en ese océano interior, cada vez más profundo y más lejos de la superficie, de la mano de armonías mágicas y ondas luminosas, hacia la oscuridad del fondo. Una gran sorpresa aguarda en la última etapa: "Towards the Bottomless Sea" es una joya del drone contemporáneo: cerca de media hora de calma expansiva a base del juego con una melodía simple y certera que se repite de forma misteriosa e hipnótica, atrayéndote desde el oscuro fondo del océano, un dejarse mecer en leves corrientes submarinas, un irse dejando caer más y más profundo en un estado de sueño y abandono, en el juego de sus notas, de conmovedora y pacífica belleza. Es, tal vez, el tema menos cósmico y más meditativo del álbum. Como si acabaras de atravesar un umbral, el segundo disco te adentra en diversas regiones jamás exploradas, oscilando entre la luz y las tinieblas de reinos submarinos más allá de la imaginación, hasta desembocar en la otra pieza larga de la colección y conclusión del viaje: "Deeper Into the Ocean", un baño del alma en un mundo acuático, azul claro y cristalino, en cuyas límpidas sonoridades te puedes dar el gusto de flotar y bucear en suave y beatífica paz.

Tras el impresionante trabajo de capas de sonido y texturas límpidas que el artista despliega con maestría a base de sintetizador, se nota una intención meditativa y un mensaje claro en la mente creativa. Tal vez por ello, resulta tan satisfactorio. Es un viaje de rumbo desconocido que te atrapa, que va ganándote a cada escucha con su profunda riqueza de detalles, sus pasajes sutilmente memorables, su belleza. Es también una grata sorpresa, por descubrirme a un artista español que ha hecho suyo un lenguaje, el de este maravilloso género musical de las atmósferas y el espacio, que está explorando el universo con tal maestría e inspiración. A disfrutar del viaje.

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This album, the first I've heard from Max Corbacho, is a work of craftsmanship. I mean, I find it a work that uses a more or less defined language and follows a musical tradition that survives and evolves in time through several artists, with more or less clear influences and origins (the space ambient from Steve Roach), and it is also an outstanding work for its excellence. It is excellent because of quality and uniqueness, because it shines with creativity.

The Ocean Inside is a very fitted title for the music hidden by that cover, so blue. There is a really deep ocean within each of us. This music sounds like a journey through this ocean, like an immersion into the dark depth, down to that mysterious light shining in the bottom. It could also well be imagined as a journey through outer space, or to the unknown depths of the dream world. Images may vary, but it is indeed, no doubt, a trip to this space we usually perceive as inner. This album seems to express something of that reality with those deep soundscapes.

While listening to the first of the two discs of this double album, you go and enter into that ocean inside, deeper and further away from the surface, by magical harmonies and light waves, down to the darkness of the bottom. A big surprise awaits in the last stage: "Towards the Bottomless Sea" is a gem of contemporary drone: about half an hour of expansive calm by playing with a simple and accurate melody which repeats in a mysterious and hypnotic way, attracting you from the dark ocean floor, like letting yourself rock in mild underwater waves, like leaving yourself, deeper and deeper into a state of sleep and abandonment, in the game of those moving and peacefully beautiful notes. It is, perhaps, the less cosmic and more meditative piece in the album. As if you just crossed a threshold, the second disc takes you into some never explored regions, ranging between light and darkness of underwater realms beyond imagination, until you come to the other long piece of the collection and conclusion to the journey: "Deeper Into the Ocean", a bath for your soul in a watery, crystal clear blue world, whose limpid sounds you can freely float and dive to in soft beatific peace.

Behind that impressive work of sound layers and limpid textures masterfully unfolded by the artist and his synthesizers, there seems to be a meditative intention and a clear message from the creative mind. Perhaps for this reason, it is so satisfying. A journey to unknown destination that gradually wins you by its deep rich details and subtly memorable passages, by this beauty. Also a pleasant surprise, for it unfolds me a Spanish artist who speaks this language, this wonderful musical genre of atmospheres and space, who is exploring the universe with such skill and inspiration. Let's enjoy the journey.

sábado, 2 de febrero de 2013

Autechre, Untilted


(Warp, 2005)

Con este disco, los amantes de la percusión intrincada podrían estar de enhorabuena, porque esto es una fiesta de soniditos y golpecitos, campanitas y toda clase de superficies (físicas o virtuales, qué importa) tocadas con ritmos extraños, intensidades diversas y una variedad indefinida de texturas, sonidos, y distintas profundidades en la escena sonora que desencadena con unos buenos cascos o altavoces. Más que escena sonora, esto es un ecosistema de beats, tan diversos e imprevisibles que parecen manifestar porciones de realidad (¿física, mental, emocional?) en un lenguaje nuevo y fugaz, ese lenguaje en constante evolución que tal vez sea el motor, o uno de los motores creativos del proyecto Autechre.

La maestría con el ritmo adquirida por el dúo electrónico impresiona. Manejan los beats con un gran sentido de la proporción y la medida, en ese sentido me encanta su juego con la aceleración en "Ipacial Section", pero en todas las pistas hay imaginación, creatividad y buen gusto, dando lugar a una IDM de primer orden, si esa etiqueta le cuadra a esto, una fiesta rítmica que pasa del caos a la calma pasando por cientos de juegos diferentes (¿tiene algo que ver con el dubstep eso que asoma tímidamente al final de "Augmatic Disport"?). Pero no todo son beats aquí. Hay una cualidad melódica que tal vez no se haga evidente a la primera escucha. Son melodías sintéticas con un claro contenido emocional, luchando a veces por hacerse oír, por emerger entre el maremágnum de ruiditos en el que se van integrando. En la mayoría de los casos, sin embargo, parecen haber sido deconstruidas hasta resultar casi irreconocibles, manteniendo empero cierta sutil presencia aquí y allá que revela que hay seres humanos detrás de esto. Y hay un ambient sutil, que casi no se deja notar, pero que destaca especialmente en dos puntos: como respiro frente a la locura percusiva al final de "Fermium" y precediendo a "The Trees", y por otro lado en "Sublimit", semienterrado y luego subterráneo pero contando con un claro potencial conmovedor, como tono emocional en sustrato de la frenética actividad mental de la superficie.

¿Qué hacen Autechre aquí? O mejor dicho, ¿qué me transmiten en esta etapa? Más que un viaje de ciencia-ficción, como en Quaristice, es posible que Untilted explore más bien el juego con el sonido y el ritmo en sí, en ese sentido llevando las posibilidades de la música electrónica experimental hasta los límites, si es que los hay. Está claro que este disco me habla más a la mente analítica que los posteriores. Pero no es un producto frío de la racionalidad llevada al extremo, vacío de contenido emocional, como hemos visto, y su dimensión emocional es tal vez tan compleja y profunda como el armazón instrumental que la exhala, la medio oculta y la manifiesta, a veces por cierto con un sorprendente toque siniestro, como en "Iera". Ni tampoco sacrifica la musicalidad ni la sensibilidad del oyente con una excesiva agresión ruidista, resultando un disco coherente cuya escucha puedes disfrutar y repetir en busca de nuevos detalles.

lunes, 28 de enero de 2013

Candlemass, Psalms for the Dead



(Napalm, 2012)

Desde la primera vez que escuché a Candlemass, he asociado su sonido con la idea que tengo de lo que es el Heavy Metal, el original, el clásico. Es cierto que no sé apenas nada del Heavy de los 80, pero en esto no importa porque no pretendo ser objetivo: los primeros discos de Candlemass suenan, en mi experiencia, al Heavy Metal, tal como siempre lo he concebido. Podría decir, sin salir del marco de mi experiencia personal, que Candlemass es el Heavy clásico, pero digamos mejor que es mi banda favorita de Heavy clásico.

Y eso, por Crom, es lo que hay en este disco: Heavy clásico oscuro y contundente, con alternancia de partes lentas y rápidas, geniales solos de guitarra y tramos instrumentales, una voz tremenda y expresiva, estribillos pegadizos, letras de fantasía... Es decir, el Doom original de Candlemass, iniciadores de la tradición y primeros guardianes de la llama sagrada: "We are the guardians of the purple flame", cantan en "Prophet". Posiblemente destacan algunas canciones sobre otras, especialmente "Prophet", "Dancing in the Temple (Of the Mad Queen Bee)", "The Lights of Thebe", pero hay calidad en todo el disco, y cada canción tiene su atractivo o su pasaje interesante. Un disco que recuerda poderosamente, tanto en su sonido como en sus estructuras, a ese Heavy oscuro de fantasía, a ese Doom tradicional, de principio a fin, cosa que es muy de agradecer. Esta vez, Candlemass ya no han tratado de sonar modernos y agresivos, como me pareció notar en el por otra parte estupendo Death Magic Doom, sino que han vuelto a los orígenes, con todas las consecuencias, recuperando ese alma de sus primeros discos en uno que bien podrían haber hecho en los 80. Este sabor clásico se ve incrementado por un uso muy retro y delicioso de teclados, incluido ¡ese hammond! La voz de Robert Lowe suena impresionante, y por primera vez creo notar un eco claro a su trabajo en Solitude Aeturnus, concretamente al final de "Prophet".

Candlemass se despiden en "Black as Time" (si es que esto es una despedida) con una lección magistral sobre el tiempo, la muerte, y la vida, que seguramente todo amante del Doom sabrá apreciar y recibir con una sonrisa. Si lo es, es una despedida de lujo, con un disco notable que, lo más importante, retorna a las raíces y sabe a clásico, dejando muy buen sabor y un buen testimonio de la brillante carrera de esta gran banda. ¡Larga vida a Candlemass!

domingo, 27 de enero de 2013

Autechre, Quaristice


(Warp, 2008)

Empieza frío y urbano en "Altibzz". Urbano porque me hace imaginar que vago por la ciudad, solo, un sábado por la noche. La sensación de oscuridad y aislamiento continúa en las siguientes pistas, pero uno deja atrás la ciudad y se adentra en un abismo mental, o computacional, de mensajes indescifrables. Diálogos misteriosos entre hombres y máquinas, engranajes mecánicos que tal vez sean meros símbolos formales de conceptos metafísicos, siempre la voz humana tratando de decir algo, deconstruida, perdida entre ecos, percusiones autoconscientes tratando de decirnos algo, perdidas entre sí. Eso es. Los ruidos de Autechre saben que están ahí y tratan de decir algo. Voy a ver si entiendo... En "Simmm", el viaje se vuelve más amable al principio, sus artífices juegan con nosotros presentándonos algo que se acerca más a nuestra idea de la música, pero en seguida irrumpe ese caos vivo de reflejos multiformes, y a veces la claridad de un ambient cósmico inesperado, que aparece en ondas. Estamos ya muy lejos de casa, aquí. Disfrutemos del viaje.

dum... dum... dum dum... dum... ¿Pero qué es esto? No tengo ni idea. Pasa el tiempo (o avanzo en el espacio, no lo tengo muy claro) y la música empieza a volverse un espacio tridimensional y miro a mi alrededor. "rale" narra mi paso por la Ciudad de las Máquinas, muy atareadas preparando la invasión de Zion. Pero todo pasa, y vientos cósmicos iracundos me arrastran a algún otro lugar. ¿A dónde? No-lo-sé. Para cuando me dejan en tierra, no me importa, porque hay una fiesta de chispas bailarinas que me invitan a bailar. No pensé que perdería mi cuerpo, pero aquí estoy, convertido en chispa, familiarizándome con el verdadero sentido de la palabra electrónica. A partir de ahí, el viaje se hace muy confuso para mí, porque soy trasladado como energía a través de un complejo de cables enmarañados que ni siquiera tienen entidad física.

Tras dar vueltas por mundos diversos donde la vida orgánica y la vida artificial se vuelven indistinguibles la una de la otra, algo acaba alineando de nuevo la realidad urbana, y me encuentro otra vez vagando por la ciudad, pero algo ha cambiado. Me he traído la oscuridad conmigo. Las formas han ganado una información nueva a mi alrededor. ¿Sigo siendo humano?

Autechre, ¿abstracto, intelectual? No sé. Aquí al menos, lo que hay es un viaje a otros mundos, imaginarios e interiores. Alienígenas, sí, pero susceptibles de ser imaginalmente procesados, disfrutados.

lunes, 21 de enero de 2013

Beru, Fire Eyes Gather Souls


(Digitalis, 2012)

Hace unos meses le eché una escucha, por mediación de un amigo, a una cinta titulada Daughter of Eve. A él le hizo soñar con historias de sirenas bajo el mar, pero conmigo, en aquel punto, la magia no funcionó. Ha sido con esta maravilla donde la conexión se ha establecido.

Desde el principio, la voz de Beru me introduce en un mundo onírico, subacuático y espectral de sirenas e historias de amor envueltas en penumbra. Guitarras eléctrica y acústica, notas y ambientes sintéticos, coros celestiales, ocasionales ritmos electrónicos, cuerdas y demás instrumentos, ruidos y efectos varios, sonidos del mar, y por encima de todo el encanto invencible de su voz de sirena, forman un collage sonoro que juega con la confusión y la paz, la distorsión y la belleza. La etiqueta doom metal aparece en su bandcamp y para nada se me habría ocurrido adjudicársela, pero algo de eso hay, aunque muy asumido e integrado en algo totalmente diferente, más cercano al folk mágico, el pop onírico y el drone.

Esta música increíble es como una pintura surrealista y oscura que invita a perderse en la profundidad oculta en sus detalles, que de hecho te lleva de viaje a otro mundo en cuanto atrapa tu atención con sus ecos lejanos. Ahora mismo, lo más bonito del mundo es la voz de Jessica Collins cantando te quiero y envolviéndome en su abrazo para llevarme flotando a un sueño de imágenes misteriosas y melodías conmovedoras.

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A few months ago I listened to a tape called Daughter of Eve, thanks to a friend. It made him dream of stories about mermaids under the sea, but at that point the magic didn't work to me. With this wonder, though, the connection is established.

From the beginning, Beru's voice introduces me into a dreamlike, underwater, spectral world of mermaids and love stories in half-light. Electric and acoustic guitar, synthetic notes and environments, heavenly choirs, occasional electronic beats, strings and other instruments, noises and effects, sounds of the sea and, above all, the invincible charm of her mermaid voice, all of them form a sound collage in which the game is about confusion and peace, distortion and beauty. Although I'd never thought of tagging it as doom metal, as seen in her bandcamp, there is indeed some of it here, but very integrated into something completely different, closer to magical folk, dream pop and drone.

This amazing music is like a dark surrealist painting, that invites you to loose yourself in the depth hidden in its details, actually it takes you travel to another world just when its distant echoes grab your attention. Right now, the most beautiful thing in the world is the voice of Jessica Collins singing I love you and embracing me to take me floating to a dream of mysterious visions and moving melodies.


[publicado primero, en español, en microphones in the trees.]

Sawi Lieu, Fluorescence


(Experia, 2012)

Me encantan esos discos que parecen narrar historias sin palabras, porque uno puede imaginar sin límites lo que los sonidos, en su juego de luces asombroso, le sugieran. En este breve cuento de colores brillantes, el narrador e ilustrador se llama Sawi Lieu y es un músico de Indonesia que juega en ese diálogo entre mundos de ayer y hoy. Su viaje fragmentario de viñetas recortadas y pegadas a modo de collage empieza accidentado, acelerado como la vida moderna pero, tras hacernos pasar por una abducción extraterrestre, desemboca en cálidos y calmos paisajes astrales donde asistimos a meditaciones guiadas por algún ser luminoso que, llegado el momento, toca la campana.

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I love those albums that seem to tell stories without words, because you can imagine without limits whatever the sounds, in their amazing play of light, suggest you. In this bright coloured short tale, the name of the narrator and illustrator is Sawi Lieu and he's a musician from Indonesia who plays in the dialogue between past and present worlds. His fragmentary trip of vignettes cropped and pasted as a collage begins as rugged and accelerated as modern life, but after taking us through an alien abduction, it arrives to warm and calm astral lanscapes where we attend meditations guided by some being of light who rings the bell when the time comes.


[publicado primero, en español, en microphones in the trees.]

miércoles, 16 de enero de 2013

Stag Hare, Spirit Canoes


(Inner Islands, 2011)

Es difícil describir lo bonito, vivo y agradable que es este disco. Dentro de los límites temporales en que se desarrolla, es una armonía interminable. Transmite paz, alegría y bienestar, con esas melodías simples repetidas en bucles vivos que no cansan nunca, en un marco ambiental donde la repetición y la variación se unen en una sutil jam hipnótica que nunca pierde la orientación a la luz y el sentirse bien.

Debe de haber pocos discos tan totalmente comprometidos con la eufonía y la armonía como este lo está. Stag Hare se sirve de sonidos de agua, cantos de pájaros y demás nature recordings, delicias percusivas de metal y madera interpretadas por el viento, drones electroacústicos que vibran en altas frecuencias de felicidad e intención positiva, guitarra, flauta, un folk y una electrónica que celebran la luz y la nueva conciencia, una especie de fiesta ambient de paz y amor en un paraje salvaje. Parece demasiado bonito para ser cierto, ¡pero es! Todos esos trazos del Paraíso que asomaban en las guitarras reverberantes de los Animal Collective de Feels o en los paisajes electroacústicos de Mountains, están aquí ampliados y explorados para goce de nuestros sentidos.

El sonido de Spirit Canoes es, desde que entra el primer ritmo en medio de los sonidos de la naturaleza, la manifestación de un gozo auditivo que esperas que nunca acabe, y afortunadamente no acaba y sigue expandiéndose en calma, acariciándote, acompañándote con su juego rítmico, disfrutando contigo y armonizando el espacio al desplegarse en el tiempo. Un sonido que evoca paisajes naturales ensoñadores, de belleza exuberante, que tal vez sólo existan en el reino de la imaginación, pero que vibran con la vida de esos escenarios paradisíacos bien presentes de nuestra madre Tierra. Es muy de agradecer que haya músicos abriéndose a esos espacios interiores de los que surge esta música. Música verde para danzar en el Paraíso.

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It's hard for me to describe how beautiful, how alive and pleasant is the music in this record. Within the time limits in which it develops, it is an endless harmony. It transmits peace, joy and happiness, with those simple melodies repeated in living and never bored loops, in an environmental framework where repetition and variation are joined in a subtle hypnotic jam, never losing their orientation to light and positive feelings.

There must be very few albums, I guess, so totally committed to euphony and harmony as this is. Stag Hare uses watery sounds, bird calls and other nature recordings, as well as metallic and wooden percussive delights played by the wind, electroacoustic drones vibrating at high frequencies of happiness and positive intention, guitar, flute, folk and electronic music celebrating light and new consciousness, a sort of ambient party of peace and love in a wild place. It sounds too good to be true, but it is! All these glimpses of Paradise which appeared in those reverb guitars from the Animal Collective of Feels or in the electroacoustic landscapes from Mountains, are here expanded and explored for our senses to enjoy.

From the very first beats amid the sounds of nature, Spirit Canoes sounds like the manifestation of an aural joy that you hope will never end, and fortunately it just keeps expanding in calm, caressing you, accompanying you with its rhythmic play, harmonizing the space, enjoying with you while unfolding in time. A sound that evokes dreamy landscapes of lush beauty, perhaps only existing in the realm of imagination, but indeed vibrating with the life of these paradise-like landscapes, really present on our mother Earth. It is very appreciated that there are these musicians opening themselves to the inner places from which this music comes. Green music to dance in Paradise.